Julio de 2026.- La experiencia universitaria no depende solo de la calidad académica o de la infraestructura disponible. También está determinada por una operación diaria que muchas veces pasa inadvertida, pero que impacta directamente en estudiantes, docentes y equipos internos: baños en condiciones adecuadas, salas disponibles, laboratorios operativos, mantenciones oportunas y espacios comunes funcionando sin interrupciones.

En Chile, la matrícula total de pregrado alcanzó en 2025 su nivel más alto desde que existen registros, con más de 1,3 millones de estudiantes. De ellos, más de 1,1 millones cursan programas presenciales o semipresenciales, y más de 500 mil lo hacen en la Región Metropolitana. A esa escala se suma la operación diaria de los campus, donde pueden coexistir más de 20.000 personas al día —entre estudiantes, académicos, funcionarios, visitas y proveedores— y más de 10 servicios funcionando en paralelo. En ese escenario, la presión operacional de estos recintos es cada vez mayor, ya que responder tarde a una incidencia puede afectar la continuidad de clases, la experiencia estudiantil y la gestión interna de las instituciones.

Aunque muchas universidades han avanzado en digitalización académica y administrativa, la operación del campus sigue siendo uno de los ámbitos más difíciles de medir en tiempo real. Servicios como limpieza, mantención menor, atención de incidencias o gestión de espacios comunes suelen depender de reportes manuales, supervisión visual o reclamos posteriores, lo que limita la capacidad de anticiparse a problemas y exigir cumplimiento efectivo a los proveedores. “Aunque las universidades han incorporado tecnología en distintos ámbitos de su gestión, todavía existe una brecha importante en la operación diaria del campus. Cuando no hay trazabilidad, una institución puede saber que hubo un problema, pero no necesariamente cuándo ocurrió, cuánto demoró la respuesta, quién debía resolverlo o si el servicio se cumplió de acuerdo con lo contratado”, señala Pablo Flores, CPO de eGenya, plataforma chilena de plataforma de trazabilidad operativa.

Frente a esta brecha, Flores plantea que la tecnología aplicada a la operación de campus permite transformar tareas históricamente difíciles de medir en procesos con información verificable. Según cifras de la compañía, este tipo de gestión permite reducir hasta en 50% los tiempos de respuesta, disminuir en 27% las incidencias operativas y aumentar en 25% el cumplimiento de tareas diarias.

“La trazabilidad permite que la operación deje de depender sólo de percepciones, reportes posteriores o supervisión manual. Cuando una universidad cuenta con información en tiempo real sobre sus servicios críticos, puede tomar mejores decisiones, exigir cumplimiento a sus proveedores y anticiparse a problemas que impactan directamente en la experiencia de estudiantes, docentes y equipos internos”, agrega.

 

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Equipo Prensa
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