La iniciativa, además de la presentación musical, busca generar espacios de convivencia entre niños y jóvenes de distintas realidades, ambientes y formas de aprendizaje. Durante la jornada, los integrantes de las tres orquestas comparten experiencias, disciplinas y valores de colaboración que fortalecen el trabajo en equipo, más allá de lo que ocurre sobre el escenario.
Alexis Parra, director de la Orquesta de la Mejor Niñez y de la Orquesta Sinfónica Femenina del Liceo Santa Marta, ha sido testigo del cambio que provoca el encuentro en una sola jornada: “Lo que más rescato es la transformación que se ve en un mismo día. Llegan tímidos, cada uno con su orquesta, y en la tarde ya están mezclados, riendo, compartiendo atriles. Ver a un niño ayudando a otro a afinar sin que nadie se lo pida demuestra el valor que tiene esta experiencia”.
Para Parra, este tipo de instancias es clave en la formación de los participantes: “En la región tenemos mucho talento, pero muchas veces cada orquesta trabaja aislada. Estos encuentros rompen eso. Para los niños es tremendamente positivo porque dejan de verse como competencia y empiezan a verse como parte de algo más grande”.
La formación musical, sostiene el director, es también una herramienta de desarrollo personal: permite a los niños expresar su creatividad, desarrollar habilidades de trabajo en equipo y construir experiencias que perduran más allá del escenario.
Parra invita a la comunidad a sumarse a esta nueva edición: “No van a ver un simple concierto, van a ver a decenas de niños y jóvenes que decidieron tomar un instrumento y trabajar juntos durante meses para regalarles música. Es una experiencia familiar y profundamente esperanzadora”.





















