Por Claudio Valenzuela CEO de Mine Class
La minería está dando un gran salto con la incorporación de automatización, inteligencia artificial y operación remota, entre otras soluciones. Sin embargo, el retorno de esas inversiones dependerá de algo menos visible, pero igualmente estratégico: la capacidad de preparar a las personas para una industria que cambia cada vez más rápido.
La pregunta que hay que hacerse es ¿estamos desarrollando las capacidades humanas a la misma velocidad con que incorporamos tecnología?
Lo cierto es que la innovación no ocurre cuando una tecnología se instala, sino cuando las personas logran integrarla a la operación y convertirla en mayor productividad, seguridad y eficiencia. Por eso, la capacitación no puede seguir siendo una actividad complementaria, debe entenderse como parte de la inversión tecnológica y como una condición para obtener retorno de ella.
El Estudio de Fuerza Laboral de la Gran Minería Chilena 2025-2034, elaborado por la Alianza CCM-Eleva, proyecta que la industria deberá incorporar 36.895 nuevos trabajadores hacia 2034. El 87,4% de esa demanda estará asociado al retiro y jubilación de personas que hoy forman parte del sector, mientras que el 12,6% responderá a nuevos proyectos y expansiones.
Y estos datos se cruzan con lo que reflejó nuestra IV Radiografía de la Capacitación en Minería 2025 que mostró que solo uno de cada cuatro mantenedores recibió capacitación durante el último año, mientras que en los demás grupos ocupacionales la proporción superó el 33%.
Pero la brecha no es únicamente ocupacional. Según nuestra Radiografía, el acceso a capacitación aumenta a medida que crecen los ingresos, con una diferencia de 17 puntos porcentuales entre ambos extremos de la escala salarial. Esto plantea un problema de equidad y productividad. Una transformación que desarrolla competencias solo en determinados niveles, deja parte de su potencial sin capturar.
El desafío exige tres cambios. Primero, identificar las competencias necesarias antes de implementar una tecnología. Segundo, ampliar el acceso hacia trabajadores de menores ingresos, empresas proveedoras y perfiles operacionales. Y tercero, medir la capacitación no por la cantidad de cursos realizados, sino por su impacto en seguridad, productividad, empleabilidad y adaptación. Si la formación no llega a empresas proveedoras, contratistas y trabajadores en terreno, la transformación tecnológica avanzará de manera fragmentada.
En el mes de la minería, recalcamos que el verdadero diferencial competitivo no estará en qué empresa adquiere primero una nueva herramienta, sino en cuál logra que sus personas la adopten mejor y más rápido. La brecha que puede frenar la innovación minera no está solo en los sistemas o los equipos, está en las capacidades que todavía no desarrollamos con suficiente urgencia.





















