Es urgente poner el máximo de atención a esta crisis educativa. Matemática, lenguaje y ciencias son habilitantes para comprender, participar y apropiarnos con responsabilidad, criterio y juicio del mundo en el que habitamos y de la sociedad de la que somos parte. Finalmente, estos son ejes fundamentales para formar ciudadanos capaces de desenvolverse autónomamente desde el lugar que elijan en la vida.

Los resultados de PISA 2025 deben poner  en debate esta preocupación. En Chile, sólo el 41% de los estudiantes alcanza el nivel mínimo de competencia en Matemática, frente al 65% del promedio de la OCDE. En Comprensión Lectora, lo hace el 62%, y en Ciencias, el 63%. A esto se suma una brecha socioeconómica que sigue siendo significativa: la diferencia de desempeño en Ciencias entre estudiantes de mayor y menor nivel socioeconómico alcanza los 76 puntos.

Estos números no son solamente indicadores educativos. Son una señal sobre las capacidades con las que las próximas generaciones enfrentarán su vida, su trabajo y la sociedad que les tocará construir y vivir.  Porque aprender a leer no es solo comprender un texto, es poder informarse, distinguir hechos de opiniones y tomar decisiones. Aprender Matemática es desarrollar pensamiento lógico, capacidad de abstracción, pensamiento crítico, concentración y atención para interpretar información, evaluar alternativas y  solucionar problemas. Y comprender las Ciencias es  también aprender a cuestionar, buscar evidencia y construir respuestas.  En definitiva, son las capacidades que permiten a una persona desenvolverse con mayor libertad desde la discrecionalidad de las decisiones que se toman diariamente.

Si se sigue devaluando la calidad educativa obligatoria, los costos para remediar son muy altos, porque determinan la capacidad de las personas de continuar con trayectorias formativas que los sitúen en un plano de realización personal. Y dilatar la responsabilidad de aprendizajes básicos y habilitantes a la educación superior no permite hacer justicia respecto de los costos y duración que tiene el actual sistema, especialmente para la población que tiene más dificultades para acceder y permanecer.

Entender, entonces, que esta alerta es urgente es desafiarse a mirar hacia adelante. La IA y la transformación digital en el mundo del trabajo, por ejemplo, están modificando rápidamente las capacidades que necesitaremos y nos están obligando a repensar las formas de insertarse en el mercado laboral. PISA 2025 muestra que el 51% de los estudiantes chilenos utiliza herramientas de inteligencia artificial generativa para apoyar su aprendizaje al menos una vez por semana. Esto nos obliga a hacernos al menos unas preguntas: ¿Estamos formando personas capaces de pensar por sí mismas en un mundo en el que cada vez será más fácil y peligroso obtener respuestas sin criterio para cuestionarlas? ¿Cómo asegurar un futuro con personas autónomas, con capital cultural y conscientes de las necesidades de adaptarse a un entorno cambiante?

Ya no podemos volver atrás. La educación de hoy debe preparar personas que se desenvuelvan utilizando la tecnología con criterio para comprender, razonar, cuestionar, crear, comunicar y tomar decisiones.

En Fundación Portas lo vemos permanentemente en nuestro trabajo con estudiantes de educación superior. Muchos jóvenes primera generación llegan a esta etapa con grandes brechas acumuladas, pero también con un enorme potencial. Cuando encuentran oportunidades, apoyo y redes, sus trayectorias pueden cambiar radicalmente. Y ese cambio no termina en ellos. Cuando una persona se convierte en el primer profesional de su familia, el cambio es maravillosamente irreversible para las generaciones que  vienen detrás. Amplía lo que otros creen posible y abre caminos que antes no existían. Ahí está una de las dimensiones más profundas de la educación: su capacidad de multiplicarse.

Necesitamos una educación que entregue conocimientos sólidos, pero también autonomía; que prepare para posicionarse en el mundo desde  diversos roles y para participar libre y responsablemente en la sociedad. No llegar a acuerdos en esta discusión es negar que cada día se agudiza más  la segregación socioeconómica y nos alejamos de la posibilidad de construir un Chile realmente más justo.

María Eugenia López
Directora Ejecutiva
Fundación Portas 

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