Este 7 de octubre se conmemora el Día Mundial por el Trabajo Decente, fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de garantizar empleos que respeten los derechos, la dignidad, la seguridad y la salud de las personas. Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo decente comprende oportunidades de empleo, derechos laborales, protección social y diálogo social, elementos fundamentales para construir sociedades más saludables y sostenibles.

Esta reflexión adquiere especial relevancia en los equipos de salud. Quienes trabajan en hospitales, centros de atención primaria, servicios de urgencia, establecimientos de larga estadía y otros espacios sanitarios enfrentan diariamente exigencias físicas y emocionales, jornadas extensas, turnos nocturnos, sobrecarga laboral y exposición a riesgos biológicos, ergonómicos y psicosociales.

Un entorno de trabajo seguro y saludable debe ser considerado como un principio y derecho fundamental en el trabajo, esto significa que proteger la salud de quienes trabajan no puede considerarse un beneficio adicional, sino un componente esencial de un trabajo digno.

Las condiciones en que trabajan los equipos de salud no sólo tienen consecuencias sobre su bienestar. La evidencia científica actual indica que el estrés sostenido, el agotamiento y el burnout pueden afectar la satisfacción laboral, favorecer el ausentismo y la rotación de personal, además de dificultar la entrega de una atención segura y de calidad. De igual manera, se han asociado las jornadas extensas y los turnos rotatorios con mayores niveles de fatiga y agotamiento entre trabajadores de la salud, particularmente en Enfermería.

Por ello, promover el trabajo decente en salud requiere superar una mirada centrada exclusivamente en el autocuidado individual. También implica abordar cómo se organizan los servicios, las jornadas y los descansos, la dotación de personal, el liderazgo, la participación de los trabajadores, la prevención de la violencia y el acoso, así como las condiciones de seguridad existentes en los lugares de trabajo.

La OIT y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han destacado que proteger a quienes trabajan en salud es fundamental para fortalecer los propios sistemas sanitarios. Un entorno laboral seguro y saludable contribuye a la protección de los trabajadores, favorecer su permanencia y mejorar la calidad y seguridad de la atención.

El desafío es recordar que cuidar a quienes cuidan también es una responsabilidad de las organizaciones y de la sociedad. Promover equipos de salud que puedan desarrollar su labor en condiciones seguras, saludables, respetuosas y dignas no es sólo una cuestión laboral, es también una condición necesaria para construir sistemas de salud más humanos, sostenibles y seguros.

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Equipo Prensa
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