Pablo Ortuzar Kunstmann
Director Diseño de Juegos Digitales
Universidad Andrés Bello
Como en cada conmemoración del Día del Videojuego se suele inundar el espacio público con una retórica complaciente: gráficos de crecimiento exponencial, cifras multimillonarias de facturación global y la reafirmación del videojuego como el gigante indiscutido del entretenimiento contemporáneo. Sin embargo, detrás de esta fachada triunfalista, el sector atraviesa una de las transformaciones más complejas e inciertas de su historia. Por eso, celebrar esta disciplina exige bajar las expectativas y analizar con lucidez las grietas de un modelo que está mostrando claros signos de agotamiento estructural.
El síntoma más evidente a nivel internacional es la crisis de las superproducciones tradicionales (AAA). Durante la última década, las grandes estudio de desarrollo se entregaron a una carrera desmedida de presupuestos que superan habitualmente los 300 millones de dólares y ciclos de desarrollo de casi una década. Para intentar amortizar semejantes inversiones y apelar a la masa de jugadores, la industria global cayó en la trampa de la homogeneización con fórmulas repetitivas, mecánicas clónicas de servicio en vivo y productos genéricos diseñados para complacer a un «público promedio» que en la práctica no existe.
A esto se suma un cambio dramático en el jugador: la fractura generacional y de consumo. Las generaciones Z y Alpha no responden a la nostalgia ni a la lealtad ciega de marca (el caso más actual, con la última remasterización de Halo) que sostuvo a los grandes estudios en períodos recientes. Enfrentados a una barrera de entrada económica cada vez más alta con juegos que intentan normalizar los 80.000 CLP, consolas y tarjetas gráficas a precios prohibitivos en un contexto de pérdida de poder adquisitivo a nivel transversal, los nuevos usuarios simplemente han aprendido a prescindir del ecosistema tradicional. Su atención y su tiempo no están en la grandilocuencia técnica vacía, sino en experiencias accesibles, comunitarias y diversas, donde el desarrollo independiente demuestra a diario que la conexión emocional y la diversión genuina no dependen de presupuestos faraónicos.
En este escenario, ¿dónde queda parada la industria creativa chilena? Durante años, la aspiración tácita de muchos sectores emergentes en América Latina fue emular, a escala modesta, la lógica del blockbuster internacional: asumir el estándar técnico del norte global como el único sinónimo de validación profesional. Hoy, cuando los propios gigantes del sector despiden a decenas de miles de trabajadores y cancelan proyectos, insistir en esa senda sería un error estratégico garrafal.
Para Chile, esta crisis no representa una amenaza insalvable, sino una oportunidad histórica para consolidar un modelo propio, sostenible y coherente con nuestras capacidades. Nuestro ecosistema creativo nunca ha contado con el músculo financiero para competir por fuerza bruta tecnológica. Nuestra ventaja competitiva real reside en la agilidad, la autoría, el rigor de diseño y la capacidad de articular experiencias significativas con recursos acotados.
Afrontar los tiempos que vienen exige que el ecosistema local, desde los estudios independientes y la academia hasta las políticas públicas de fomento (como Corfo o Fondart) deje de medir el éxito únicamente por el volumen de presupuesto o el mimetismo técnico. La evidencia internacional es categórica: los proyectos enfocados en nichos y públicos específicos tienen tasas de éxito comercial y cultural sustancialmente mayores que aquellos que intentan abarcarlo todo.
Conmemorar el Día del Videojuego en Chile debe ser un ejercicio de madurez reflexiva. No se trata de esperar pasivamente a que el mercado internacional se estabilice, sino de liderar desde el sur una forma de producir más sensata, diversa y arraigada en el talento creativo. En el diseño de juegos, al igual que en la cultura, progresar no siempre significa construir más grande, muchas veces consiste en dar un paso atrás y recordar por qué empezamos a jugar.





















