Por Cristian Acuña, rector del Liceo La Asunción de Talcahuano
Cada vez que se conocen los resultados de PISA, volvemos a mirar un ranking y a preguntarnos en qué lugar quedó Chile. Es comprensible, se trata de una de las mediciones internacionales más relevantes para comparar los aprendizajes de estudiantes de 15 años. Pero, como comunidad educativa, creo que deberíamos detenernos un momento antes de quedarnos solo con la posición que ocupamos. La pregunta más importante no es si subimos o bajamos algunos lugares, sino qué nos están diciendo estos resultados sobre los aprendizajes que estamos entregando y qué estamos haciendo para mejorarlos.
Los resultados de PISA 2025 son una señal que no podemos ignorar. Chile obtuvo 403 puntos en Matemática, 436 en Lectura y 442 en Ciencias, resultados que se encuentran por debajo de los promedios de la OCDE. En Matemática y Lectura, además, nuestro país retrocedió respecto de 2022. El dato es especialmente preocupante en Matemática, solo el 41% de los estudiantes chilenos alcanzó al menos el nivel básico de desempeño, frente al 65% en promedio en la OCDE. En Lectura, la cifra llega al 62%, versus un 69% de la OCDE.
Pero PISA también obliga a mirar el contexto. No somos el único sistema educativo que enfrenta dificultades. La propia OCDE informó que en 2025 los resultados promedio de sus países miembros alcanzaron sus niveles más bajos históricos en Matemática y Lectura. Es decir, estamos ante un problema que excede nuestras fronteras y que se relaciona con transformaciones profundas en la forma en que los estudiantes aprenden, se relacionan con la escuela y enfrentan un mundo cada vez más digitalizado.
Lo anterior significa evaluar de manera permanente, no solamente cuando llega una prueba nacional. El Simce es una referencia externa fundamental porque permite saber dónde estamos respecto del país, pero las evaluaciones formativas que se realizan durante el año entregan algo todavía más importante: información para saber qué está aprendiendo cada curso, dónde están las dificultades y qué debemos modificar en nuestra práctica pedagógica.
Hay otro elemento que los resultados recientes nos recuerdan y que a veces queda fuera de la discusión sobre rendimiento: nadie aprende bien si no se siente bien en el lugar donde aprende.
Los resultados del Simce 2025 mostraron una relación relevante entre ansiedad académica y desempeño. Según la Agencia de Calidad, los establecimientos que logran reducir la ansiedad asociada a los aprendizajes alcanzan diferencias de hasta 18 puntos en Matemática en II medio. Esto confirma algo que los equipos educativos vemos diariamente: convivencia escolar, bienestar, salud mental y aprendizaje no son ámbitos separados. Son parte de una misma tarea.
También debemos hacernos cargo del nuevo escenario digital. PISA 2025 muestra que el 48% de los estudiantes chilenos señala que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de Ciencias, frente a un 28% promedio en la OCDE. Al mismo tiempo, Chile presenta un uso relevante de inteligencia artificial entre sus estudiantes.
Esto nos plantea una tarea que va mucho más allá de prohibir o permitir celulares. Necesitamos enseñar a nuestros estudiantes cuándo la tecnología ayuda a aprender y cuándo se transforma en una distracción. La educación no puede quedar al margen de la revolución digital, pero tampoco puede asumir que toda tecnología, por el solo hecho de ser nueva, mejora los aprendizajes.
Frente a PISA, mi invitación es a cambiar la pregunta. No preguntarnos solamente qué lugar ocupa Chile, sino qué podemos hacer desde cada sala de clases para que nuestros estudiantes aprendan más y mejor.El desafío es grande, especialmente en Matemática, Lectura y Ciencias. Pero también tenemos evidencia de que es posible avanzar. La recuperación de los niveles prepandemia en el Simce, los buenos resultados que alcanzan distintos establecimientos y el compromiso cotidiano de miles de docentes muestran que no partimos desde cero.
PISA nos entrega una fotografía internacional. Lo que hagamos con esa fotografía dependerá de nosotros. Y ahí está la verdadera discusión que Chile debe tener: no cómo aparecer mejor en el próximo ranking, sino cómo construir, desde cada escuela y cada aula, las condiciones para que todos nuestros estudiantes puedan aprender, progresar y desarrollar plenamente sus capacidades.





















