Los adolescentes de 15 años en Chile acumulan más de 45 horas semanales conectados a redes sociales, superando con amplitud la media de 35 horas registrada en el conjunto de países evaluados. Ese dato, publicado en 2026 dentro del informe «Crecer en la era de las redes sociales», posiciona a Chile como el país de la OCDE donde los jóvenes pasan más tiempo frente a estas plataformas, según reportó El País.

Un observador del iGaming traza el vínculo entre redes sociales y plataformas de apuestas

Jaan Girdeinis, analista con más de una década de experiencia en el sector iGaming, reconoce de inmediato los mecanismos que el estudio describe. Desde su posición como observador del mercado de apuestas de habla húngara, señala que los mismos bucles de recompensa que retienen a los adolescentes frente a sus teléfonos sostienen el diseño de las plataformas de ocio digital dirigidas a adultos. El enganche, explica, no es accidental sino estructural.

En su comentario, Girdeinis menciona a Fogadasok Guru como ejemplo de portal cuyo diseño reproduce exactamente esos mecanismos, lo que exige, a su juicio, los mismos límites, autocontrol y acompañamiento que la escuela debería enseñar a manejar desde edades tempranas.

“Los portales de apuestas están construidos sobre los mismos principios de recompensa variable que las redes sociales. Si no se enseña a los jóvenes a reconocer esos patrones, el salto de una plataforma a otra es casi natural.”

El hallazgo del informe, subraya el analista, no debería leerse solo como un problema de pantallas infantiles, sino como una señal sobre el diseño de todo el ecosistema digital de entretenimiento.

Lo que mide el informe y lo que revelan los datos chilenos

El estudio se apoya en nuevos análisis de los datos de 2022 del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) de la OCDE, con el objetivo de evaluar las asociaciones entre el uso de redes sociales y los resultados académicos. Las cifras globales ya resultan significativas: cerca del 95% de los jóvenes utiliza redes sociales a diario. Más llamativo aún es el dato sobre la desobediencia escolar: el 29% de los estudiantes de la OCDE que asisten a centros con prohibición de celulares reconoce usarlos varias veces al día durante la jornada.

En el caso chileno, la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI) de 2024, publicada en noviembre de 2025 por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, añade una dimensión complementaria. El 54% de los adolescentes chilenos destina tres horas o más a las redes sociales en un día promedio de lunes a viernes. Solo el 9% dedica ese mismo tiempo a leer libros, revistas o cómics. La brecha entre ambas actividades resume, en cifras concretas, el desplazamiento de hábitos que el informe OCDE detecta a escala internacional.

Por qué el cerebro adolescente es el objetivo más expuesto

La psiquiatra Nora Volkow ha descrito con precisión el mecanismo detrás del enganche. Las redes sociales, sostiene, explotan el sistema de recompensa del cerebro a través de la dopamina para retener la atención, del mismo modo en que lo hacen las drogas.

“Cuando esos efectos sobre el sistema de recompensa se repiten, el cerebro comienza a cambiar y le quitan a la persona esa capacidad de autorregulación y de toma de decisiones.”

Y completa la explicación con una advertencia sobre la naturaleza del sistema afectado:

“Son sistemas que vinculan el placer con el aprendizaje, la memoria y la energía para sostener una conducta. Por eso, las adicciones son tan malignas.”

La adolescencia intensifica esa vulnerabilidad. Francisco Aboitiz, neurocientífico y director del Centro Interdisciplinario para la Niñez, Adolescencia, Resiliencia y Adversidad, explica que ese período es particularmente crítico por razones biológicas concretas.

“La adolescencia es un período crítico porque ocurre el cambio del cerebro de niño al de adulto y ese proceso está mediado por hormonas y otros aspectos biológicamente complejos. Es una etapa en la que suceden ciertos desequilibrios, que son transitorios y que hacen que los adolescentes sean más proclives a los riesgos.”

La Oficina Regional para Europa de la OMS documentó ese proceso en cifras: el uso problemático de redes sociales aumentó del 7% en 2018 al 11% en 2022 en una muestra que incluyó Europa, Asia Central y Canadá. Aboitiz añade una dimensión cualitativa al problema: la conversación cara a cara genera una sincronía interpersonal entre los interlocutores que las plataformas digitales no pueden replicar, porque eliminan ese elemento esencial de la interacción social.

El debate regulatorio en Chile y la pregunta que queda sin respuesta

Chile ha comenzado a moverse en el terreno normativo. En marzo de 2026 entró en vigor una ley que prohíbe el uso de celulares en establecimientos educativos, una medida que coloca al país entre los cuatro de América Latina con restricciones de este tipo. El Congreso discute además un proyecto para limitar el acceso a redes sociales hasta los 16 años, mientras el Gobierno de José Antonio Kast evalúa una iniciativa que exigiría el uso de Clave Única para ingresar a las plataformas y así impedir el acceso de menores.

Sin embargo, no todos los expertos comparten el diagnóstico alarmante. El psicólogo Patricio Cabello, profesor de la Universidad Andrés Bello e investigador del CIAE de la Universidad de Chile, cuestiona la metodología con que la OCDE calculó el promedio de horas y considera que ese número no debería tomarse como base para conclusiones definitivas, dado que el método empleado no sería el más efectivo para extraer ese tipo de inferencias.

El cuestionamiento de Cabello apunta, sobre todo, a la dirección del debate. En sus palabras, el problema no es solo cuántas horas consumen los jóvenes, sino quién carga con la responsabilidad de los límites.

“Si las redes sociales estuvieran reguladas, todos los países pudieran tener un control interesante de la cantidad y tipo de contenido que pueden ver niños y adolescentes, pero en este momento estamos pensando más en ponerle reglas a los niños y no a la industria.”

Cabello señala que en Europa ya existen mecanismos de regulación de plataformas digitales e inteligencia artificial que Chile todavía no tiene. Mientras la discusión legislativa avanza centrada en la conducta de los menores, la pregunta sobre cómo regular a la industria sigue abierta y sin respuesta.

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Equipo Prensa
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