Científicos dieron a conocer nuevos resultados del proyecto “Biodiversidad Oceánica Bajo Amenaza del Cambio Climático” liderado por el Centro de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas (ESMOI) de la Universidad Católica del Norte, iniciativa financiada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), que cuenta con la participación de científicos de la Universidad de Reading (Inglaterra), del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) y la Universidad de La Serena.
El estudio revela que las aves marinas —como albatros, petreles y golondrinas de mar— no están reaccionando al cambio climático achicando su tamaño, como sí ocurre con muchos peces cuando el mar se calienta. En lugar de eso, estas aves están cambiando de lugar: reducen las zonas donde viven y tienen que desplazarse más lejos para encontrar buenas condiciones. Los hallazgos que fueron publicados en la prestigiosa revista Nature Climate Change, indican que la velocidad del cambio climático es la principal amenaza para la diversidad de estas especies clave en los ecosistemas marinos.
En el estudio, liderado por el Dr. Jorge Avaria-Llautureo (Universidad de Reading, UK), participaron el Dr. Guillermo Luna-Jorquera, académico del Departamento de Biología Marina y ESMOI de la UCN, y el Dr. Marcelo Rivadeneira, integrante del Centro de Investigación de Frontera de la Universidad de La Serena e investigador institucional del CEAZA.
PRINCIPALES CONCLUSIONES DE LA INVESTIGACIÓN
Mediante el desarrollo de un nuevo modelo de análisis geoespacial y simulaciones de climas pasados, los investigadores reconstruyeron los rangos de distribución, las rutas de dispersión y las temperaturas locales experimentadas por estas aves, analizando los datos filogenéticos y paleo-climáticos de más de 120 especies de Procellariiformes a lo largo de millones de años,
Las principales conclusiones establecen que los Procellariiformes contraen sus rangos geográficos bajo tasas rápidas de cambio climático, lo que las empuja a dispersarse cada vez más lejos para encontrar alimento. Además, a diferencia de muchos organismos marinos de “sangre fría” (como peces), en estas aves de “sangre caliente” el tamaño corporal no se redujo significativamente con el calentamiento de los océanos, pero sí se vieron forzadas a cambiar su rango geográfico.
También se estableció que por primera vez estas inferencias históricas coinciden con proyecciones futuras: bajo escenarios de alto calentamiento (RCP 8.5), más del 70% de las especies actuales contraerían sus rangos y se verían obligadas a dispersarse distancias mayores hacia el año 2100.
Mientras que la velocidad del cambio climático (no solo su dirección) es el factor clave: históricamente, el actual aumento acelerado de la temperatura de los océanos intensifica la contracción de rangos y aumentan la dispersión de las aves marinas.
El estudio, además, predice que las siguientes especies enfrentan un alto riesgo de extinción: el Petrel de Galápagos, el Petrel de Jouanin, la fardela de Newell y la Golondrina de mar chica.
El Dr. Guillermo Luna-Jorquera, investigador y coautor de la publicación explicó que “las aves marinas cumplen un rol clave en el funcionamiento del mar porque sostienen la productividad marina al transferir nutrientes que favorecen la existencia de peces y mariscos, que son base de la actividad pesquera, es decir que si se extinguen las aves marinas no solo implicaría una pérdida de biodiversidad sino también se afectaría directamente la producción pesquera”.
Es importante, dijo, tomar conciencia de que estos cambios globales también nos afectan como país. Por ejemplo, entre las especies en mayor riesgo se encuentra la golondrina de mar chica, cuyo único sitio conocido de nidificación en la costa comprendida entre Ecuador y Chile se localiza en el islote Chungungo en el Archipiélago de Humboldt, en la Región de Coquimbo. “Esta colonia podría verse severamente afectada por la proyectada construcción de un mega puerto frente al islote, lo que sería una intervención que sumaría nuevas presiones a las ya impuestas por el cambio climático. En particular, la contaminación lumínica generada por las luminarias del puerto representa una amenaza directa para estas aves, altamente sensibles a la luz artificial durante sus desplazamientos y ciclos reproductivos”, afirmó el investigador.
En tanto, el Dr. Jorge Avaria-Llautureo, enfatizó que “el mundo de las aves marinas se reduce a medida que el océano se calienta o se enfría. Y cuando la temperatura cambia demasiado rápido, estas aves se ven forzadas a volar más lejos para sobrevivir. Al analizar los datos con las herramientas adecuadas, llegamos a la conclusión que los esfuerzos de conservación deben centrarse no solo en proteger los lugares donde viven actualmente las aves marinas, sino también en salvaguardar los lugares a los que necesitarán llegar en el futuro.”
El Dr. Marcelo Rivadeneira, coautor del estudio, explicó que “las aves marinas tienen una capacidad limitada de adaptación local debido a sus estrechos rangos térmicos. Por eso, la dispersión y los ajustes en el tamaño del rango geográfico emergen como respuestas principales. Nuestros resultados históricos concuerdan por primera vez con las proyecciones futuras, lo que refuerza la urgencia de integrar dinámicas de rango en las estrategias de conservación marina. Su vulnerabilidad ante el rápido calentamiento oceánico actual —cuatro órdenes de magnitud más veloz que en el pasado evolutivo— representa un triple riesgo: rangos de distribución más pequeños, mayor esfuerzo de dispersión y tasas de cambio de la temperatura que superan su capacidad de respuesta”.
El estudio enfatiza la necesidad de proteger corredores oceánicos de dispersión y áreas de reproducción presentes y futuras, especialmente para especies con rangos pequeños o baja capacidad de dispersión. Los autores llaman a integrar estas dinámicas históricas con modelos de distribución de especies para priorizar acciones de mitigación climática y protección marina.
SOBRE EL ESTUDIO
El artículo “Seabird range contraction and dispersal under climate change” fue aceptado en Nature Climate Change (DOI: 10.1038/s41558-026-02655-4). Forma parte de esfuerzos colaborativos entre la Universidad Católica del Norte, Universidad de Reading (Reino Unido), Universidad de La Serena, CEAZA y otros centros.




















