En el día del profesor y la profesora, vale la pena detenernos a reconocer a quienes sostienen una de las tareas más importantes para el futuro de nuestro país. Después de los dramáticos resultados de la prueba PISA, el acelerado avance de las tecnologías de inteligencia artificial, el excesivo uso de pantallas en niños y la ola de desafíos que han enfrentado las comunidades escolares durante todo el año, sigue existiendo un grupo de personas que se levanta cada mañana con la convicción de que sus estudiantes pueden más.

Son educadores que creen que cuando sus alumnos descubren su potencial y se atreven a soñar, sus comunidades también lo hacen. Por eso, hoy quiero agradecer especialmente a quienes siguen buscando oportunidades para transformar el futuro de niñas, niños y jóvenes.

En Enseña Chile hemos tenido la oportunidad de recorrer las diferentes realidades de nuestros colegios en la región y hemos observado de cerca el compromiso con el que las y los docentes enfrentan su rol. En cada establecimiento, nos encontramos con profesoras y profesores que hacen mucho más que enseñar contenidos. Hemos visto cómo generan espacios de pertenencia para todos los integrantes de la comunidad, extendiendo su rol fuera de las aulas, construyen relaciones de confianza y acompañan la transformación de trayectorias de vidas. Muchas veces son ellos quienes ayudan a que un niño descubra posibilidades que antes no veían y les recuerdan como la educación puede abrir caminos y oportunidades. 

En tiempos de grandes desafíos, el trabajo docente también nos recuerda el valor de la colaboración y el trabajo conjunto. Las grandes transformaciones suceden cuando dejamos de trabajar en solitario y decidimos colaborar por el desarrollo de un futuro más prometedor para las futuras generaciones. Esto no sucede sólo entre docentes, sino que principalmente entre las y los docentes y sus alumnos. 

Me inspira ver como profesoras y profesores construyen poco a poco puentes de confianza, sostienen sus altas expectativas, incluso cuando sus propios estudiantes han perdido la fe en sí mismos; y entre contenidos y evaluaciones, logran conectar, reír, desafiar, contener y llenar de cariño y afecto sus salas. Allí, con gestos cotidianos, nace la sociedad que tanto anhelamos. No perdamos nosotros la fe en quienes educan, sigamos reconociéndoles y creando más oportunidades. Porque cuando un profesor o profesora cree en sus estudiantes, cambia su trayectoria y con ella transforma su comunidad.

Danae Toledo Directora Regional de Enseña Chile

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