En Chile, los establecimientos educacionales producen y reciben información a diario. El problema no es cuánto dato existe, sino cuánto de ese dato logra convertirse en evidencia para decidir. En 2025, el sistema escolar reunió a 3.541.790 estudiantes en más de 11 mil establecimientos. Allí existe un flujo de datos sobre aprendizaje, asistencia, convivencia, trayectoria escolar y gestión. El desafío no es la ausencia de información, sino que muchas veces permanece dispersa o se utiliza solo cuando surge un problema urgente.

En ese escenario, los equipos directivos pueden terminar tomando decisiones desde la experiencia, la intuición o la necesidad de responder con rapidez. Son importantes, pero insuficientes cuando se requiere comprender qué ocurre, por qué y dónde intervenir primero.

Tomar decisiones basadas en evidencia no significa convertir la gestión escolar en una acumulación de planillas ni reemplazar el juicio profesional por indicadores. Significa ordenar la información, analizarla con propósito y relacionarla con la realidad de cada establecimiento. En 2025, la asistencia escolar promedio del país alcanzó un 87,4%. Ese porcentaje adquiere sentido cuando un equipo identifica qué cursos están bajo ese promedio, qué estudiantes concentran las ausencias y qué factores las explican.

La diferencia está en pasar de una lógica reactiva a una planificada. Detectar tempranamente una disminución de asistencia, una brecha de aprendizaje o un aumento de situaciones de convivencia permite priorizar acciones antes de que se profundice. La evidencia ayuda a focalizar esfuerzos, distribuir recursos y evitar respuestas generales frente a causas específicas. En este proceso, la inteligencia artificial puede apoyar la integración de información dispersa, identificar patrones, comparar tendencias y generar alertas que faciliten la priorización. Su aporte no es decidir por los equipos directivos, sino reducir el tiempo destinado a ordenar datos y ampliar la capacidad de analizarlos.

Para avanzar, los establecimientos necesitan mecanismos simples para integrar información relevante, revisarla y transformarla en preguntas útiles para la gestión. La inteligencia artificial debe incorporarse con criterios claros de uso, resguardo de datos y supervisión humana, para que sus resultados sean interpretados según el contexto de cada comunidad educativa.

Fortalecer una cultura de decisiones basadas en evidencia no supone renunciar a la experiencia de quienes conocen la escuela. Permite complementarla con información organizada, análisis sistemático y tecnología. En educación, decidir no es hacerlo solo con más datos, sino utilizar la evidencia pertinente para anticiparse, planificar y responder de manera coherente con las necesidades reales de cada comunidad educativa.

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Equipo Prensa
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