El crecimiento de la educación superior a distancia no es solo una transformación en la forma de estudiar. También nos obliga a preguntarnos para qué estamos formando a quienes hoy necesitan aprender, reconvertirse y seguir trabajando al mismo tiempo.

El reciente informe del SIES revela un hito histórico. La educación a distancia superó por primera vez a la matrícula presencial vespertina, alcanzando los 207 mil estudiantes, equivalentes al 15,1% del total. En cuatro años, esta modalidad creció 84,5% y en el último período lo hizo 13,5%, impulsada por la flexibilidad horaria, el ahorro en tiempos de traslado y las nuevas tecnologías.

Pero detrás de estas cifras hay un cambio más profundo. Miles de personas, especialmente mayores de 30 años, están volviendo a estudiar para adquirir nuevas competencias y mantenerse vigentes en un mercado laboral que cambia con rapidez. La educación superior ya no puede pensarse únicamente como una etapa que termina con un título. Para muchos, se está convirtiendo en una herramienta permanente de reconversión laboral.

Esto cobra especial relevancia ante el envejecimiento de la población. Hacia 2030, los mayores de 65 años superarán a los menores de 60, haciendo cada vez más necesario que la población adulta pueda reentrenarse y adquirir nuevas competencias en áreas de alta empleabilidad, como logística, ciberseguridad, ciencia de datos y servicios.

En el Mes de la Educación Técnico-Profesional, este fenómeno obliga a mirar más allá de la modalidad. Con un desempleo de 9,4% y una informalidad de 27%, cerca de dos millones de personas trabajan por cuenta propia en Chile, y casi la mitad lo hace por necesidad. Mientras en economías desarrolladas el trabajo independiente puede surgir como una opción de innovación y oportunidad, en nuestro país muchas veces sigue siendo un refugio frente a la falta de empleo.

La flexibilidad para estudiar es un gran avance, pero no basta. También necesitamos un giro pedagógico que permita a la educación técnico-profesional preparar a las personas no solo para insertarse laboralmente, sino también para generar ingresos, emprender y crear trabajo.

Si queremos que el emprendimiento sea una oportunidad y no un refugio, la educación TP debe formar no solo para buscar trabajo, sino también para crearlo.

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Equipo Prensa
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