Hablar de las personas mayores es hablar de nuestra propia historia. Son parte  fundamental de la sociedad que hemos construido y portadoras de experiencias,  conocimientos y valores que se transmiten entre generaciones. Por eso, más que verlas  solo desde sus necesidades, deberíamos reconocerlas como maestros de vida y valorar  su aporte a las familias y comunidades. 

Cada 01 de octubre, se conmemora en Chile y en la comunidad internacional el Día de  las Personas de Edad, fecha que también debería invitarnos a preguntarnos cómo  queremos llegar nosotros a esa etapa de la vida. 

Desde mi perspectiva como kinesiólogo, hablar de envejecimiento activo significa poner  el foco en la prevención, la autonomía y la calidad de vida. Envejecer es un proceso  natural: nuestro cuerpo cambia y pueden disminuir la fuerza, la movilidad y el equilibrio.  El objetivo no es combatir la edad, sino prepararnos para seguir haciendo,  adaptándonos a esos cambios. 

La capacidad funcional se refleja en cosas tan simples como caminar, levantarnos de  una silla, subir escaleras, transportar nuestras compras, viajar, practicar una actividad  física o compartir con nuestros seres queridos. En definitiva, poder continuar haciendo  aquello que le da sentido a nuestra vida. 

Por eso, un envejecimiento saludable no debería medirse solamente por cuántos años  vivimos, sino también por cuántas cosas seguimos siendo capaces de hacer durante  esos años. 

Lo que hacemos desde jóvenes influye en nuestras capacidades futuras. Si la  expectativa de vida aumenta, no basta con preguntarnos cuánto queremos vivir;  también debemos preguntarnos cómo queremos vivir esos años. 

El movimiento es una herramienta fundamental de prevención. Caminar, trabajar la  movilidad y el equilibrio y realizar ejercicio de manera regular contribuyen a mantener  nuestra independencia. Y entre todas estas capacidades, la fuerza muscular tiene un  papel fundamental: nos permite levantarnos, subir escaleras, transportar objetos y  responder ante un tropiezo.

No existe una única forma de envejecer activamente. Podemos caminar, correr, nadar,  bailar, andar en bicicleta o realizar ejercicios de fuerza. Lo importante es mantenernos  activos y adaptar la actividad a nuestras capacidades. 

Pero hay una idea especialmente importante: hay que empezar antes de necesitarlo. Si queremos llegar a edades avanzadas manteniendo nuestra autonomía, debemos  construir desde mucho antes una reserva de capacidad física, cognitiva, emocional y  social que nos permita enfrentar los cambios propios del envejecimiento. 

Quizás la pregunta no sea solamente ¿cuántos años quiero vivir?, sino: ¿Qué quiero  seguir siendo capaz de hacer cuando sea mayor? Quiero seguir caminando, viajar, andar  en bicicleta, jugar con mis nietos, compartir con mis amigos, seguir aprendiendo y  participando. 

Envejecer significa adaptarnos a los cambios sin dejar de ser nosotros mismos y  mantener aquello que hace que nuestra vida tenga sentido. Y quizás esa sea una de las  mejores formas de reconocer a nuestros mayores: no solamente celebrarlos por lo que  hicieron, sino también generar las condiciones para que puedan seguir haciendo. 

Porque todos estamos envejeciendo. La pregunta no es si lo haremos, sino cómo  queremos hacerlo. 

Debemos prepararnos para llegar a ser mayores y no prepararnos para la vejez. 

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Equipo Prensa
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