Ana Henríquez Académica Observatorio de IA en Educación Universidad de Las Américas

La confianza pública constituye uno de los activos más valiosos de una universidad. Cada título representa una promesa frente a la sociedad: la institución certifica que una persona desarrolló los conocimientos, habilidades y criterios necesarios para ejercer responsablemente una profesión. Esa promesa adquiere hoy una nueva dimensión con la irrupción de la inteligencia artificial generativa.

Los recientes casos ocurridos en el examen de admisión en una universidad de México y en las evaluaciones para residencias médicas en Argentina, invitan a una reflexión de alcance mayor. Más allá de las investigaciones particulares (que también son interesantes de conocer y comentar), ambos episodios proyectan una pregunta que atraviesa a toda la educación superior: ¿las evidencias que hoy utilizamos permiten acreditar, con suficiente solidez, los aprendizajes que declaramos certificar?

La inteligencia artificial ofrece la posibilidad de elevar las metas formativas y diseñar experiencias de aprendizaje mucho más exigentes. Cuando una herramienta es capaz de elaborar informes, resolver problemas, programar o analizar información con gran calidad, la universidad dispone de una oportunidad extraordinaria para solicitar desempeños de mayor complejidad: argumentar decisiones, integrar conocimientos, resolver situaciones auténticas, justificar procesos, generar colaboraciones y responder profesionalmente por los resultados obtenidos.

Cada disciplina tiene la posibilidad de explorar cuáles herramientas potencian mejor la formación de sus futuros profesionales. La incorporación de IA deja de ser un contenido aislado y pasa a formar parte de la trayectoria formativa, articulando docencia, evaluación y desarrollo de competencias que el mundo laboral comienza a exigir con creciente intensidad.

Transformar al docente en un inquisidor de esta nueva tecnología, desvía la atención del verdadero desafío. El aporte universitario consiste en diseñar evaluaciones capaces de distinguir comprensión, criterio, creatividad, responsabilidad y juicio profesional, incluso cuando la IA forma parte del proceso de trabajo. Esa es la evidencia que conserva valor para la sociedad.

La historia de las universidades demuestra que cada avance tecnológico ha ampliado las posibilidades del conocimiento. La inteligencia artificial ofrece una oportunidad equivalente. Aprovecharla exige fortalecer la evaluación como el espacio donde se construye confianza, se impulsa el aprendizaje y se preserva el valor del título profesional en beneficio de las personas y del país. Todo esto constituye un gran desafío para el sistema educativo global.

Google News Portal Educa
Síguenos en Google Noticias

Equipo Prensa
Portal Educa