Las enfermedades del sistema circulatorio siguen siendo la primera causa de muerte en Chile, representando cerca de un tercio de los fallecimientos a nivel nacional, según datos del Ministerio de Salud. En números diarios, las personas pierden la vida por un infarto, un accidente cerebrovascular o una insuficiencia cardíaca.
La interrogante que surge es: ¿hacemos algo real para prevenirlas? Uno de cada tres adultos en Chile vive con hipertensión sin saberlo, y la obesidad afecta a más del 70% de las personas mayores de 15 años. Estos son factores de riesgo silenciosos que nos indican la primera gran tarea pendiente: pasar de una salud que reacciona a una salud que anticipa.
Cuando hablamos de prevención cardiovascular solemos pensar en médicos y cardiólogos, en campañas de bien público, en controles de salud. Pero la prevención efectiva la que realmente llega a la sala de espera de un CESFAM o a la ronda de un hospital rural, descansa en gran medida sobre técnicos de nivel superior: TENS, técnicos en enfermería, en urgencia, en radiología, en rehabilitación cardíaca. Son ellos quienes toman los signos vitales, administran los tratamientos, acompañan a los pacientes crónicos y, muchas veces, son la primera persona del sistema de salud que detecta que algo anda mal.
Un sistema de salud que promueve el autocuidado y los controles periódicos necesita, con urgencia, más y mejores técnicos formados: personas capacitadas para educar en hábitos saludables, pesquisar factores de riesgo a tiempo y sostener el seguimiento de los pacientes crónicos en el territorio.
Prevenir es una tarea compartida, y también una tarea formativa. La evidencia muestra que hasta un 80% de las muertes prematuras por causas cardiovasculares podría evitarse con cambios de hábitos y controles oportunos. Ese «podría» es la clave: requiere de un sistema de salud con capacidad instalada para acompañar, y esa capacidad no se improvisa, se forma.
Invertir en educación técnico profesional de calidad con campos clínicos reales, formación en simulación, actualización constante frente a la evidencia no es un tema aparte de la salud cardiovascular: es parte de la solución. Cada técnico bien formado que trabaja en atención primaria, en un policlínico rural o en la red de urgencia es, literalmente, una barrera más entre un factor de riesgo silencioso y un infarto evitable.
La reflexión no debería quedarse solo en la promesa individual de cuidarnos. Como sociedad, también debemos preguntarnos si estamos formando y valorando a quienes sostienen la prevención en el día a día.





















