Camila Pérez, 16 años, y su vocación científica: “Quisiera estudiar Medicina o Neurociencia computacional. nunca me ha gustado tomar el camino fácil”

Como parte de la iniciativa Provoca, que busca aumentar la vocación de mujeres en áreas STEM o CTIM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), AUI/NRAO quiso rescatar el testimonio de Camila Pérez, una niña con inquietud científica que cursa tercero medio en el Complejo Educacional de Toconao en San Pedro y a quien hemos acompañado desde el 2018 en su recorrido vocacional, develando los procesos de autoconocimiento que experimenta.

 

¿Cómo fue que nació en ti este temprano interés por la ciencia?

La verdad es que desde muy chica me interesa la ciencia. Parte importante de esa motivación la debo a mis padres, quienes siempre me impulsaron a descubrir más, a desafiar mis propios límites. Mi papá y mi mamá, mis tíos y mi abuela siempre me demostraron orgullo por mi rendimiento escolar y poco a poco me he ido inclinando por dos pasiones: la medicina y la matemática. Siempre he participado en espacios escolares de investigación y he contado con profesores y profesoras que han creído en mí y siempre me ofrecieron instancias para potenciar mis habilidades. Quién diría que gracias a este tipo de actividades haría mi primer viaje al extranjero participando en el programa de intercambio Observatorios y Ciudades Gemelas, con solo 14 años (se ríe).

¿Con quiénes vives? Cuéntame ¿cómo fue este año de pandemia?

Vivo con mis papás y mi hermano de 11 años. En el 2020 la verdad es que todos quedamos funcionando desde la casa, tanto mi mamá como mi hermano y yo. En un comienzo fue desastroso compartir lugares en casa y el Internet. Quizás fue un poco invasivo y me resistí a usar mi dormitorio para otras actividades además de dormir. Siempre he sido muy celosa de mi espacio, pero tuvimos que adaptarnos para poder trabajar todos, para ayudar en casa y compartir. Creo que el sistema de telestudio me ayudó a gestionar mi tiempo y para mí, el balance fue positivo. Y en lo familiar, todos estuvimos sanos y como vivimos en una zona muy aislada de San Pedro, hasta pudimos hacer algunos paseos en familia. Creo que el 2020 nos unió mucho a los 4 y pudimos tener conversaciones importantes para afiatar nuestros lazos.

Este año mi hermano hasta ahora tiene clases presenciales media jornada en la Escuela G-25 Solor en Ayllú y eso nos ha permitido organizar mi tiempo de telestudio, 100% online este año o al menos el primer semestre, y así dedicarme al colegio, pero también hacer un preuniversitario online que me ayude a preparar mi PTU de 2022.

¿Cuáles electivos tomaste?

El primer electivo matemático, en el segundo de física y química. Tengo súper claro que más allá de tener habilidades con el razonamiento matemático, es algo que disfruto mucho de aprender y hacer. Sé que me dará una buena base para la carrera que finalmente decida seguir. Hasta ahora me gustaría estudiar medicina para luego especializarme en neurocirugía, o bien, estudiar algo como neurociencia computacional. ¿Por qué elegí estas opciones? Siempre me gusta buscar desafíos, intentar resolver cosas imposibles. Me gustan los retos, todo lo que implique un esfuerzo de mi parte. Nunca me ha gustado tomar el camino fácil. El cerebro es sin duda un terreno sorprendente del que tenemos tanto por aprender y me encantaría ser testigo y protagonista de esos descubrimientos.

¿Crees que en tu familia hubo modelos de rol que te inspiraron?

Creo que mi historia está influenciada por las personas con las que he compartido y de las que he aprendido. Ya sea desde una conversación hasta una clase, de una visita a un lugar interesante hasta un experimento en laboratorio. Ahora bien, en mi familia hay personas que me han inspirado mucho: mi abuela era paramédico, mi papá es veterinario y mis tíos son médicos. Crecí en almuerzos con conversaciones muy entretenidas de sobremesa y eso me encantaba y muchas veces preferí quedarme escuchando que salir a jugar. Recuerdo que de niña jugaba con mi papá y fingíamos que él era mi “experimento” y yo tenía que trabajar en él… era muy divertido!

¿Sentiste inseguridad en estas elecciones que has ido tomando?

Claro. Yo sé mis capacidades y claramente a veces me tentó la idea de estudiar algo que se me diera más natural, como por ejemplo ingeniería porque soy buena en matemática, pero estaba el tema de lo que me gusta. Recuerdo que mi papá conversó conmigo y me explicó la importancia de estudiar algo que te encante de verdad, ya que será tu ocupación de cada día el resto de la vida. Los números no trabajan con la vida y por eso la medicina sumaba ese aspecto que para mí era muy importante. Quisiera estudiar medicina o neurociencia computacional. Nunca me ha gustado tomar el camino fácil.

En el año 2018 participaste en un encuentro de modelos de rol organizado por AUI/NRAO en las oficinas del observatorio ALMA en Santiago. ¿Cómo fue eso?

Bueno, esa actividad la presentó mi profesora de ciencias en ese momento, que era Mabel Codocedo, ella nos dijo: «Niñas, tengo que elegir chicas de octavo y primero medio». El objetivo era conocer a mujeres científicas que trabajan en Chile y nosotras podríamos conversar con ellas y conocer sus experiencias, y aunque éramos chicas (octavo básico) y eso implicaba viajar solas sin los papás, de inmediato dije “yo quiero estar ahí”. Las niñas seleccionadas teníamos que tener muy buenas notas y un interés científico. Finalmente viajé con mi profesora y una amiga de primero medio, Evelyn Zelada.

El encuentro fue increíble y consistía en mesas grupales donde podíamos entrevistar a las embajadoras científicas que participaban: astrónomas, ingenieras… mujeres magníficas de todo el mundo que trabajaban en nuestro país, que eran madres y que tuvieron que enfrentar muchos obstáculos para seguir sus sueños. Lo pasé muy bien y aprendí mucho. Si bien es cierto que fue un poco chocante saber que ninguna tuvo una vida fácil, la astrónoma chilena Sonia Duffau me marcó particularmente. Tenía una personalidad fuerte y a la vez una dulzura especial y le tocó duro estudiar ingeniería en tiempos en que la carrera tenía muy pocas mujeres y sentía en parte que le estaban quitando oportunidades a hombres que querían estudiar lo mismo. Con ella he mantenido contacto desde entonces y me sigue orientando en la ciencia. Lo más importante es seguir luchando por lo que uno verdaderamente quiere en la vida.

¿En qué te pareces a ella?

Ella eligió el universo como astrónoma y yo el cerebro y sus procesos. Creo que ambos terrenos son misteriosos y desconocidos. Hay tanto por aprender y hacer, y yo no quiero dejar de ser parte de eso.

Siento mucha admiración por personas como ella, ya que enfrentaron problemas pero no desistieron de sus sueños. De eso se trata la vida, pienso. Sonia siguió trabajando, siguió estudiando, siguió especializándose, decía que igual le pasaban muchas cosas a nivel personal, procesos y decisiones difíciles. Eso me gustó y me impactó de ella, que aprendió a separar las cosas y siguió adelante con su plan. Yo tengo 16 y aún trabajo en eso, me cuesta, me cuestiono y me arrepiento… pero sigo avanzando con mi propósito.

Este tipo de encuentros con modelos de rol nos ayudan a vernos reflejadas en personas a las que admiramos, pero que en sus recorridos y al igual que nosotras, enfrentan dudas y temores, a pesar de tener enormes capacidades. Yo creo que muchas niñas aprendieron a seguir luchando por quedarse en la ciencia.

Al año siguiente participaste en representación del Complejo Educacional de Toconao en Observatorios y Ciudades Gemelas, un programa de intercambio cultural científico entre alumnos y profesores de San Pedro de Atacama y Magdalena de Nuevo México, cada uno con una fuerte incidencia de culturas indígenas atacameña (en Chile) y navaja (en Estados Unidos). ¿Cómo fue esa experiencia?

Sí, en esa oportunidad el enlace fue con mi profesor de matemática Felipe Lizana. Creo que sentí un torbellino de emociones, ya que todo fue ocurriendo muy rápido. Surgió la oportunidad, teníamos que entregar en cuestión de horas nuestros proyectos para postular como participantes. Fueron momentos intensos. Hablé con mis papás para saber si me autorizarían y acudí a mi profesora Carola Torrejón (de astronomía) para ver si me ayudaba a orientar mi propuesta y ella me dijo “trabaja y concéntrate que ya va a surgirte una idea”. Finalmente entregué un proyecto para hacer un reloj solar. Cuando lo entregué pensé “no voy a quedar”, “me confié demasiado y no va a resultar”, me entraron todas las inseguridades y yo que tenía tantas ganas de ir.

A los días, fue mi mamá quien me contó que habían avisado que gané y recuerdo que lloré de la emoción. Era como vivir un sueño. Tenía que sacar pasaporte, autorización notarial de mis papás para viajar a otro país… quince días lejos de mi casa y mi familia. Mis compañeros me celebraron cuando supieron la noticia y mi profesora jefe me mandó un mensaje muy emotivo. Recuerdos increíbles.

¿En qué consistió tu proyecto?

La idea era construir un reloj solar que combinara la cosmovisión de nuestra cultura Lickanantay y la navaja. Ese reloj lo iba a construir a escala en un espacio público de San Pedro, pero con lo de la pandemia, todo se fue postergando. Pese a todo, tengo la convicción de que en algún momento lo voy a materializar.

Ese viaje fue sorprendente de principio a fin. Creo que lo que más me gustó fue visitar la escuela de Magdalena y visitar el observatorio VLA, lo que fue maravilloso ya que por ser menor de edad no he podido visitar el observatorio ALMA que está acá en San Pedro. Fue un recorrido increíble junto a mi profesor Felipe, Sonia Duffau y mi compañero de programa Simón Contreras. De la escuela me encantó conocer una forma muy experimental de aprender, dentro y fuera de la sala; también que les enseñaban cosas cotidianas de la vida como cocinar o emprender un negocio, lo que en definitiva te ayuda no solo para estudiar una carrera profesional, sino para la vida, además de desarrollar la creatividad y el trabajo en equipo. También me ayudó a practicar el inglés, ya que al principio me inseguricé al cometer errores o por el acento, pero de a poco me fui soltando y Sonia me ayudó bastante.

Siento que en Chile y especialmente en San Pedro, a mí me costó bastante adentrarme a la cultura Lickanantay. Pese a que he vivido toda mi vida acá, soy considerada “afuerina” por no tener ascendencia atacameña y eso no permite verdaderamente compartir el patrimonio. La comunidad se expresa acá en artes, cultivo de la lengua ckunza y medicina ancestral, pero no es que uno pueda sumarse y aprender. El problema es que eso no ayuda a que la cultura perdure en el tiempo, porque quedan muy pocos descendientes. Creo que hay una deuda pendiente en la divulgación y de hecho muchas personas de nuestra comuna dicen que debieran sacar mayor provecho a esta riqueza patrimonial Lickanantay para que más personas sepan de esta cultura y la multipliquen.

En Magdalena tuvimos la oportunidad de encontrarnos con una experta en patrimonio navajo y juntos descubrimos coincidencias en nuestras constelaciones y la cosmovisión, con muchas similitudes en la interpretación del universo y los procesos de la vida humana, las criaturas de la naturaleza e incluso la trascendencia del espíritu después de la muerte. Fue muy interesante.

El año pasado participaste del encuentro Provoca Valparaíso, en que participaron principalmente jóvenes de la V región, pero también alumnas de actividades icónicas de AUI/NRAO y algunas embajadoras científicas. ¿Qué te pareció?

Fue muy entretenido ese encuentro por zoom. Creo que el ejercicio más importante fue de autoconocimiento y comprender que seguir el camino de la ciencia no implica abandonar otros intereses como el arte, la vida social, los deportes; sino que son un complemento necesario. Desde entonces me he organizado para dedicarle tiempo a mis hobbies como andar en bicicleta y ver series web.

En la actividad recordé que hace algunos años tenía pánico de hablar en público. Me sentía físicamente muy mal y ese era un obstáculo, ya que muchas actividades científicas implican exponer o defender un proyecto y ahí me veía yo, colorada, aterrada y muda (se ríe). Sentía miedo de quedar en ridículo o que mis compañeros se burlaran de mí. Con el paso del tiempo y la práctica me di cuenta que ese pánico es innecesario, porque al final te va a servir mucho tener personalidad para hablar frente a la gente y nada debe paralizarte.

¿Qué mensaje le darías a otras niñas que se interesen en las ciencias?

Básicamente que perseveren. Si no funciona a la primera, hay que seguir intentándolo a la segunda o quizás a la tercera vez. En mi caso fue bacán el hecho de tener el apoyo de mi papás y vivir la experiencia de los Provoca y de Observatorios y Ciudades Gemelas, porque me dieron oportunidades de conocer gente real en la ciencia, personas como uno que se autosuperaron y no desistieron de sus sueños, así como un día lo hizo un niño o una niña que llegó a ser Premio Nobel. Nadie sabe hasta dónde podemos llegar, ni siquiera uno.

Link sinopsis serie web Provocabit.ly/Provocaconciencia

Andrea Riquelme Pérez

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