• Informe elaborado por Corporación Bien Público, en el marco del Fondo Vivir Mejor 2025 del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, y cofinanciado por Fundación San Carlos de Maipo, plantea que para potenciar la asistencia parvularia, es necesario reducir barreras, apoyar a las familias y dar valor educativo al nivel.

En Chile, la educación parvularia constituye el primer nivel del sistema educativo, aunque no tiene carácter obligatorio (Ley N.º 20.370, 2009). Tras la pandemia de COVID-19, la baja asistencia y el ausentismo crónico adquirieron mayor relevancia en la agenda educativa.  En 2024, la asistencia promedio alcanzó 84% y la inasistencia grave —definida como una asistencia igual o inferior a 85% de las jornadas escolares— se mantuvo cerca de 24%, fenómeno que afectó principalmente a niños y niñas de contextos con mayor vulnerabilidad socioeconómica (Subsecretaría de Educación Parvularia, 2025).

De ahí que Corporación Bien Público, a través de un diseño cualitativo e interpretativo (octubre – diciembre 2025), elaboró un estudio para abordar la problemática, donde se analizaron las respuestas de 8 establecimientos educacionales de RM, con Índice de Vulnerabilidad Escolar cercano a 85% y asistencia anual inferior a 90%.  Por medio de 27 instancias de levantamiento: 3 entrevistas a equipos de las fundaciones proveedoras, 8 entrevistas a equipos directivos, 8 entrevistas grupales con educadoras y 8 entrevistas grupales con apoderadas y cuidadoras, se analizaron tres programas de fomento de la asistencia en educación parvularia (NT1 y NT2), ejecutados por tres fundaciones distintas. 

Principales conclusiones:

  • Existe consenso en el valor de la asistencia al nivel parvulario, aunque con significados distintos: equipos pedagógicos lo vinculan a la trayectoria académica y las familias a la formación de hábitos y socialización.
  • La no obligatoriedad legal del nivel relativiza su importancia y se suma al bajo conocimiento social sobre lo que se aprende en esta etapa.
  • Hay una brecha interpretativa: las escuelas suelen leer la inasistencia como irresponsabilidad, mientras familias y fundaciones la explican por condiciones estructurales. Esto influye en si la respuesta institucional es de reproche o acompañamiento.
  • Las barreras se expresan en tres planos interconectados: materiales/territoriales (enfermedades, infraestructura, violencia), familiares (monoparentalidad, empleos extensos, falta de redes) y culturales/comunicacionales (no obligatoriedad, desconocimiento del valor educativo).
  • Se identificaron 4 estrategias efectivas: monitoreo cercano y empático, refuerzos positivos con niños y niñas, participación activa de familias y sistematización del seguimiento institucional.
  • El vínculo afectivo entre educadoras y familias es clave, aunque poco estructurado. En los establecimientos con mejores niveles de asistencia, lo decisivo no es el diseño del programa ni los incentivos materiales, sino la calidad del vínculo que las educadoras construyen con niños, niñas y familias. Su fragilidad radica en que depende de personas y no de estructuras.
  • Los incentivos deben ajustarse al nivel parvulario, evitando metas rígidas que generen frustración.

El estudio dio cuenta que las intervenciones unidimensionales tienen alcance limitado; fomentar la asistencia requiere combinar reducción de barreras estructurales, apoyo concreto a las familias y construcción de un sentido compartido sobre el valor educativo del nivel, lo que además interpela directamente a la política pública dado el desafío que representa la no obligatoriedad del nivel.

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Equipo Prensa
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