El paso sucesivo de sistemas frontales que ha dejado lluvias intensas en distintas regiones y su continuo avance por el país podría traducirse en un aumento de los procesos de remoción en masa, como desprendimientos de rocas, socavones, deslizamientos de tierra, y aluviones. Así lo explica el geólogo Dr. Gabriel Ureta, investigador de la Universidad Andrés Bello y del Instituto Milenio de Investigación en Riesgo Volcánico Ckelar Volcanes.
El especialista explica que la probabilidad que una ladera sufra un deslizamiento depende de varias condiciones del terreno. Entre ellas, la pendiente es un factor importante, ya que “mientras más inclinada sea una ladera, mayor es la probabilidad de que ocurra un proceso de este tipo, algo frecuente en las quebradas por la gravedad”.
A esto se suma el tipo de suelo, en particular su porosidad y permeabilidad, es decir, su capacidad de drenar o absorber el agua. Cuando esa capacidad es baja se producen acumulaciones que pueden generar un medio similar al barro en sectores donde el suelo no está adaptado para asimilar tanta agua. Más que la cantidad total de lluvia, asegura el geólogo, lo determinante es la intensidad con que cae, ya que un volumen alto en poco tiempo no permite que el suelo drene y genera un impacto mucho mayor que una lluvia constante y de baja intensidad.
Por eso, a quienes habitan en zonas de laderas y quebradas, el investigador recomienda observar cuidadosamente el comportamiento del terreno. «Hay que estar muy atentos y atentas a los sonidos, a cómo se van moviendo algunas rocas o deslizamientos de tierra, y no estar cerca de los lugares que son posibles rutas de arrastre, como cauces o quebradas que se podrían reactivar», señala Ureta.
Las secuelas de los incendios
En cuanto a las zonas que se vieron afectadas por incendios forestales de verano, el riesgo dependerá de las características de cada sector y del trabajo realizado tras los siniestros, si el material quemado fue removido con posterioridad y cuánto material suelto queda disponible para movilizarse. El académico UNAB detalla que “la pérdida de cobertura vegetal elimina una barrera natural que ayuda a contener el suelo, un efecto que se combina con la pendiente para determinar el nivel de riesgo de cada zona”. Los sectores más vulnerables, señala Ureta, son los que presentan mayor acumulación de material, los lugares donde históricamente ha existido el cauce de un río, los socavones que podrían reactivarse, y las quebradas que ya registraron desprendimientos en lluvias anteriores.
Volcanes y lluvia
El investigador Ckelar también aborda un fenómeno particular de las zonas con volcanes activos. «Uno de los grandes fenómenos que pueden ocurrir son los lahares, especies de aluviones o desprendimientos de material volcánico asociados a las lluvias», explica. Se trata de flujos que combinan agua con fragmentos de roca de distintos tamaños y que descienden por las laderas o por los cauces del volcán y del entorno volcánico. La acumulación de nieve también puede generar desprendimientos o avalanchas de nieve, y, por otro lado, los cambios bruscos de temperatura permiten que el agua que se filtra por las fracturas de las rocas se congele, lo que aumenta su volumen y puede provocar el rompimiento y desplazamiento de material rocoso.
Uno de los puntos más relevantes que plantea el geólogo es que el peligro no desaparece necesariamente cuando cesan las lluvias. «El proceso es acumulativo, es decir que puede que ahora no ocurra nada con esta acumulación de agua, sin embargo, después, con una pequeña lluvia o con un pequeño sismo, puede ocurrir un desprendimiento de roca», advierte.
La ocurrencia de sismos en paralelo a los eventos de lluvia registrados en las últimas semanas convierte al fenómeno en un proceso multifactorial que puede incrementar la probabilidad de aluviones o la reactivación de socavones incluso días después de que terminen las precipitaciones.
Por eso dependiendo las características de la zona que habite cada uno, “lo más importante es estar alerta, tener claras las vías de evacuación de los lugares donde uno vive o visita, contar con un kit de emergencia y estar atentos a la información oficial entregada a través de los medios de comunicación», concluye.





















