Un niño puede leer un cuento de principio a fin y, aun así, no entender qué acaba de leer. Esa diferencia, que muchas veces pasa inadvertida en la sala de clases y también en la casa, es una de las principales preocupaciones de los especialistas en comprensión lectora. 

Según Pelusa Orellana, directora académica del Centro de Investigación e Innovación en Lectura de la Universidad de los Andes (Uandes), enfrentar este desafío requiere mirar más allá de aprender a leer palabras: el objetivo es que los estudiantes puedan comprenderlas.

El lanzamiento del programa «Chile Aprende y Avanza» volvió a instalar la discusión sobre los rezagos de aprendizaje en lectura y matemáticas. Sin embargo, para la académica, el diagnóstico del problema debe ser más amplio: no basta con abordar la lectura desde la decodificación, sino que también es necesario fortalecer el vocabulario y las habilidades de comprensión desde los primeros años de escolaridad.

«Chile tiene, efectivamente, un problema arrastrado desde hace tiempo. Tenemos más de la mitad de los niños que no comprende lo que lee en cuarto básico. También estamos viendo resultados muy bajos en enseñanza media, lo que demuestra que esta es una brecha que se mantiene a lo largo de toda la trayectoria escolar», afirma.

La investigadora explica que una de las etapas más importantes para intervenir es segundo básico, ya que en ese nivel los estudiantes deberían haber consolidado la decodificación —la capacidad de reconocer y leer palabras con fluidez— para comenzar a concentrarse en comprender los textos.

«Segundo básico es un momento clave, porque los niños ya necesitan consolidar la decodificación. Si no han adquirido una adecuada automaticidad en la lectura, van a gastar toda su energía cognitiva en tratar de leer correctamente y no en comprender lo que están leyendo», explica.

Sin embargo, Orellana advierte que el problema no termina en la decodificación. A su juicio, parte del debate sobre el rezago lector ha dejado fuera otro elemento fundamental: el vocabulario.

«Muchas veces se piensa que el problema está solamente en aprender a leer las palabras. Pero la evidencia muestra un escenario más complejo. Muchos estudiantes con dificultades de comprensión también presentan problemas de vocabulario», señala.

La académica agrega que un estudiante puede lograr leer un texto correctamente y, aun así, no comprenderlo si no conoce el significado de las palabras que aparecen en él.

«El desafío no pasa solo por aprender a leer las palabras, sino por comprender lo que significan. Incluso cuando la decodificación está lograda, un vocabulario insuficiente puede seguir limitando la comprensión», afirma.

Para Orellana, esta mirada implica repensar las estrategias para enfrentar el rezago lector.

«No basta con enseñar a leer con fluidez. Si queremos que los estudiantes comprendan lo que leen y puedan aprender a partir de esa lectura, debemos fortalecer ambas dimensiones desde los primeros años. Mientras antes se intervenga, mayores serán las posibilidades de evitar que estas brechas se mantengan durante toda la trayectoria escolar», concluye.

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Equipo Prensa
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