A través de talleres, actividades lúdicas y material educativo, el Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio Aprendiendo a cuidar mi salud, de la Universidad San Sebastián, busca fortalecer hábitos saludables, bienestar emocional y conductas de autocuidado en niños, niñas y adolescentes.
Aprender a cuidarse también puede empezar con un juego, una conversación o una actividad pensada para cada curso. En la sala de clases, temas como alimentación saludable, higiene, respeto por el propio cuerpo, autoestima o manejo de emociones pueden transformarse en herramientas concretas para la vida cotidiana.
Esa es la apuesta de Aprendiendo a cuidar mi salud, Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) de la Universidad San Sebastián, liderado por María Sylvia Campos, académica VcM de la Facultad de Ciencias para el Cuidado de la Salud, que busca acercar la educación en salud a comunidades escolares desde metodologías simples, participativas y cercanas.
El trabajo se orienta a que niños, niñas y adolescentes reconozcan prácticas de autocuidado, conversen sobre su bienestar y relacionen esos aprendizajes con situaciones dentro y fuera de la escuela.
Aprender desde la experiencia
Campos explica que la iniciativa surgió a partir de necesidades observadas en establecimientos educacionales, vinculadas con “hábitos de vida poco saludables, sedentarismo, dificultades en el manejo de emociones y escasas oportunidades para fortalecer competencias de autocuidado desde edades tempranas. Abordar estas temáticas desde la promoción de la salud permite entregar herramientas para que los escolares tomen decisiones más responsables sobre su bienestar”.
En la Escuela Batalla de la Concepción, de la comuna de El Bosque, las intervenciones se desarrollan desde prekínder a octavo básico, con sesiones de diagnóstico, trabajo focalizado y cierre, en temáticas transversales como cuidado del cuerpo, alimentación saludable, higiene, uso de pantallas, autoestima, respeto y convivencia. Para facilitar la participación se utilizan juegos, materiales didácticos, colaciones saludables y elementos de higiene, lo que representa un aspecto muy innovador de la iniciativa.
Para Carmen Fuentes, encargada de Convivencia Escolar de la Escuela Batalla de la Concepción, estas intervenciones responden a necesidades presentes en el establecimiento. Desde su área observaron desafíos en regulación emocional, resolución pacífica de conflictos, autoestima y habilidades sociales y, en ese contexto, plantea que la escuela “tiene un rol fundamental en la promoción del bienestar integral y en la prevención de conductas de riesgo”.
Gamificación
La metodología utilizada también es un factor relevante para facilitar la participación de los cursos: “las metodologías activas y participativas favorecen un aprendizaje más significativo, porque permiten aprender desde la experiencia, la reflexión y el trabajo colaborativo”, señala Fuentes.
Campos coincide en que el enfoque participativo vuelve los contenidos más cercanos. A través de juegos, desafíos, material audiovisual y experiencias interactivas, se busca que alimentación saludable, actividad física, higiene, manejo de emociones y bienestar sean aplicables a la vida cotidiana. Según plantea, “el aprendizaje trasciende la sala de clases y se transforma en conductas concretas que pueden mantenerse en el tiempo”.
Para los estudiantes USS, el proyecto representa un espacio formativo donde es necesario adaptar los conocimientos a un contexto real, comunicarse con niños y niñas, trabajar en equipo y responder a necesidades del territorio. En Enfermería, el trabajo se centra en promover autocuidado, higiene, respeto por el cuerpo, prevención y bienestar desde actividades adecuadas para cada grupo.
Formación que sale del aula
Angélica Aguirre, académica y tutora de la carrera, señala que el acompañamiento es presencial y directo, desde el diagnóstico inicial hasta la ejecución y evaluación de los talleres. Según explica, el desafío está en preparar a los estudiantes para vincularse con una comunidad escolar real, ya que “lo importante es prepararlos para un diálogo directo y real con las comunidades escolares, pasar de la teoría a la práctica y que puedan detectar las necesidades sentidas de las niñas”.
Para Constanza Aravena, estudiante de Enfermería, quien participa en actividades con un kínder, Enfermería cumple un rol central, ya que “nuestra tarea fundamental es promover la educación en salud”. A través de estrategias lúdicas y participativas, explica, “buscamos fortalecer aprendizajes vinculados con el respeto por los límites personales y el reconocimiento del propio cuerpo y el de los demás”.
Desde la mirada de María Sylvia Campos, el proyecto busca dejar capacidades instaladas tanto en las comunidades educativas como en los futuros profesionales. Según plantea, se espera que “las comunidades educativas fortalezcan sus conocimientos y habilidades para el autocuidado, incorporando prácticas que favorezcan estilos de vida saludables, el bienestar emocional y la prevención de conductas de riesgo”. En esa línea, sostiene que la experiencia permite avanzar hacia “entornos escolares más saludables y promotores de bienestar”.





















