Gabriela Lobos conoció la natación incluso antes de lanzarse al agua. Cuando era pequeña, acompañaba a su hermana mayor, Antonella, a entrenamientos y competencias, y desde la orilla comenzó a mirar con atención ese mundo de piscinas, pruebas y tiempos. Lo que partió como una curiosidad familiar pronto se transformó en una motivación propia: a los 8 años ingresó como nadadora a Colegio Mayor Peñalolén, donde empezó a destacar al punto de iniciar un recorrido deportivo que ya tiene figuración continental.
Después de sus actuaciones a nivel escolar y como parte del Club Deportivo Estadio Mayor, Gabriela fue reclutada en la selección nacional de menores. Ahí, hace algunas semanas, consiguió alzarse como una de las mejores de América: durante el Torneo Promesas Olímpicas 2026, desarrollado entre el 22 y el 24 de mayo en el Centro Acuático Kristel Köbrich del Estadio Nacional, obtuvo el vicecampeonato en los 100 metros mariposa, justamente su prueba favorita.
“Para mí fue un orgullo representar a Chile, es lo más bonito que me ha pasado en la natación”, sostiene la joven de Peñalolén sobre el torneo que convocó a 355 deportistas de 10 países de la región. “Esto me invita a seguir mejorando, a buscar mejores marcas”, promete ella.
Simón Fernández, su entrenador en la selección de natación y en Colegio Mayor Peñalolén, sostiene que Gabriela reúne condiciones especiales para proyectarse en la disciplina. “Demuestra un talento innato”, afirma, junto con destacar el rol de su hermana, el apoyo constante de su familia y el carácter competitivo que evidencia cada vez que enfrenta una prueba. A su juicio, esta nueva experiencia internacional marcó un paso importante en su desarrollo deportivo, ya que “la mostró más segura, empoderada y con ganas de demostrar lo que había entrenado”.
Independiente del hito deportivo, Gabriela es descrita por sus padres como alegre, solidaria, algo tímida y sobre todo perseverante. “Se caracteriza por ser muy disciplinada y comprometida en cualquier actividad que realiza, siempre busca dar lo mejor de sí misma”, dice Lucía Flores, madre de la joven. “Ella es muy constante, siempre trata de cumplir con sus responsabilidades, no sólo deportivas, también escolares”, suma Andrés Lobos, su padre.
Respecto al camino de su hija en la natación, sus papás recuerdan que fue un proceso natural, favorecido por las condiciones que ofrece el colegio, que cuenta con una piscina semiolímpica disponible durante todo el año. “Ahí comenzó a desarrollar sus habilidades y a descubrir su pasión por el deporte”, expresan. En esa línea, también destacan las facilidades que el establecimiento le ha otorgado a Gabriela para compatibilizar sus entrenamientos y competencias con la vida escolar. “Valoramos especialmente la flexibilidad horaria y la comprensión que tienen con ella, lo que le ha permitido asumir sus desafíos deportivos sin descuidar la parte académica”, comentan.
Actualmente, Gabriela integra el programa DAR de la Federación Chilena de Deportes Acuáticos y también es seleccionada del Programa Promesas Chile, del Instituto Nacional del Deporte. Su rutina es exigente: entrena de manera especializada tres veces por semana, con apoyo kinésico y seguimiento nutricional, en jornadas que muchas veces terminan tarde en la noche. Para sus padres, ese proceso ha sido clave no solo en su desarrollo deportivo, sino también personal. “Hemos sido testigos de su crecimiento, de cómo ha aprendido a asumir responsabilidades y a enfrentar desafíos con madurez”, aseguran.
Más allá de las exigencias de los entrenamientos, Gabriela asevera que nada podría alejarla de los torneos, de las selecciones y, sobre todo, de la natación. “Lo que más me gusta es la pasión y la adrenalina que siento cuando estoy nadando. En el partidor, se activa mi lado más competitivo”, reconoce. Esa conexión con el agua, precisa, es difícil de comparar con cualquier otra experiencia. “Cuando nado, siento que voy volando, así avanzo más rápido”, agrega.
Para su familia, acompañarla en este proceso ha significado organización, compromiso y muchas jornadas largas. Sus padres valoran no solo los resultados, sino también la forma en que la natación ha fortalecido su concentración, disciplina, humildad y empatía. “Ver su carita de alegría al recibir su medalla fue, sin duda, uno de los momentos más especiales que hemos vivido junto a ella”, señalan. También destacan que el deporte le ha permitido construir amistades y formar parte de una comunidad donde las familias comparten desafíos, viajes y emociones.
Gabriela, por ahora, quiere seguir mejorando sus marcas y entrenar más duro. No ve su disciplina necesariamente como una presión, sino todo lo contrario. “Para mí significa desahogarme, todas mis emociones las dejo en el agua, es como si nadara para sentirme mejor”, refleja ella, cuyas proyecciones la invitan a apuntar alto. “De grande quiero ser campeona mundial de natación y mi sueño es poder llegar algún día a los Juegos Olímpicos, a eso apunto”, finaliza, segura de sus aspiraciones.





















