La devastación de los incendios en Penco, Lirquén y otros sectores del Biobío refleja cómo estos eventos, antes confinados a zonas rurales, hoy afectan con fuerza áreas urbanas, con graves consecuencias. Aunque muchos siniestros tienen origen humano, el cambio climático ha intensificado las condiciones que permiten su propagación. Más allá de discursos negacionistas, la evidencia confirma que el clima está cambiando y favoreciendo la recurrencia y gravedad de estos siniestros.

En esta línea, las empresas, al igual que las personas, se ven afectadas, ya sea por la pérdida de activos productivos o por la afectación a sus trabajadores y algunas industrias deben considerar el cambio climático como un factor gravitante y estratégico para su continuidad operacional. Chile ha dado un salto importante en ese sentido al adoptar las normas IFRS (International Financial Reporting Standards) de Sostenibilidad, las que van a obligar a las empresas a identificar, evaluar y mitigar, los efectos que el clima (y por ende del cambio climático) tengas en sus operaciones. Estos riegos pueden ser físicos, como los incendios o las inundaciones o bien de transición, vale decir, los costos asociados a mayores exigencias regulatorias al respecto.

Mi llamado es a entender que el cambio climático es una situación actual y grave. Las empresas deben estar preparadas, ya sea con la evaluación y mitigación de los riesgos asociados al clima y a la sostenibilidad en general, desde un punto de vista estratégicos, con involucramiento del gobierno corporativo. Las grandes corporaciones llevan la delantera, sin embargo, esto debe permear a todo el tejido empresarial. Todos tenemos que aportar en orden de tratar de evitar los factores que gatillen este tipo de situaciones, desde nuestros hogares o lugares de trabajo o desde las empresas.

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Equipo Prensa
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