El verano llegó y con él las tan esperadas vacaciones. Para niños y niñas, este tiempo suele asociarse al descanso y a un mayor tiempo libre. Sin embargo, las vacaciones no significan dejar de aprender: el movimiento, el juego y la exploración corporal siguen siendo formas fundamentales de aprendizaje.

Durante el año escolar, los infantes pasan largas horas sentados. El verano ofrece una oportunidad valiosa para recuperar el placer de moverse, correr, saltar, nadar, andar en bicicleta o simplemente jugar al aire libre. Estas prácticas motrices no solo fortalecen el cuerpo, sino que también favorecen la creatividad, la autonomía, la convivencia y el bienestar emocional.

Eso sí, moverse en verano, requiere cuidado y acompañamiento adulto. Es importante protegerse del sol, hidratarse constantemente, usar ropa cómoda y respetar los tiempos de descanso. Jugar bajo la sombra, preferir horarios con menor radiación y escuchar al propio cuerpo, son aprendizajes clave para una vida activa y saludable.

Como docentes y familias tenemos la responsabilidad de promover un verano activo, donde el juego no sea reemplazado completamente por pantallas. Invitar a los niños y niñas a crear actividades, compartir con otros, explorar su entorno y conocer sus propias capacidades corporales, es también una forma de educar.

Porque cuando un niño juega, se mueve y se cuida, construye hábitos para toda la vida.

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Equipo Prensa
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