• Los establecimientos reportan más interacción presencial y recreos activos, en línea con estudios internacionales que vinculan la reducción del uso de celulares con mejoras en aprendizaje y convivencia. 

A meses de la implementación de la Ley 21.801, que regula el uso de celulares en establecimientos educacionales, comienzan a observarse cambios en la vida escolar. Más allá de ordenar el uso de dispositivos, la medida estaría impulsando una transformación en la forma en que los estudiantes se relacionan y habitan el espacio educativo. 

A nivel global, organismos como la UNESCO advierten que el uso excesivo de dispositivos en el aula puede afectar negativamente el aprendizaje. De hecho, cerca del 40% de los sistemas educativos en el mundo ya ha implementado restricciones, una cifra que ha crecido sostenidamente en los últimos años. Estas medidas buscan reducir distracciones, mejorar la concentración y fortalecer el bienestar de niños y adolescentes.

En esa línea, estudios internacionales indican que limitar el uso de celulares en contextos escolares no solo favorece el rendimiento académico, sino que también mejora la convivencia, al reducir interrupciones en clase y conflictos asociados al ciberbullying. Investigaciones como las de la London School of Economics evidencian mejoras de hasta un 6,4% en el rendimiento, con efectos aún mayores en estudiantes con más dificultades.

En Chile, uno de los efectos más visibles se observa en los recreos del colegio Manquecura Ciudad del Este de Puente Alto, donde se aprecia un retorno progresivo a dinámicas colectivas. El uso individual del celular ha dado paso a juegos grupales, actividad física y prácticas como cartas, juegos de mesa o lectura en papel.

“Uno de los cambios más evidentes está en la convivencia. Al reducirse la interacción mediada por pantallas durante la jornada, los estudiantes vuelven a relacionarse cara a cara, lo que disminuye tensiones y fortalece habilidades como la empatía y la resolución de conflictos”, señala Bárbara Paniagua, directora de enseñanza básica de Manquecura Ciudad del Este.

Sin el celular como principal forma de entretenimiento, los estudiantes han comenzado a reorganizar su tiempo en torno a la interacción presencial, lo que también se refleja en la sala de clases, donde las comunidades educativas reportan mayor concentración y una disposición más activa al aprendizaje tras los recreos. Esta tendencia se alinea con experiencias internacionales, donde establecimientos que han restringido su uso evidencian mayor foco en clases, menos interrupciones y un clima escolar más estable. 

“Más allá de la convivencia, también se observa un impacto en el aprendizaje. Al disminuir las distracciones digitales, se favorece la atención sostenida, el pensamiento crítico y la autonomía en la resolución de problemas”, agrega Yanina Galaz, coordinadora de Convivencia Educativa de la red de colegios Cognita. 

A esto se suma un efecto preventivo: la menor exposición a redes sociales durante la jornada contribuye a reducir conflictos asociados al ciberbullying y fortalece el bienestar emocional. En este contexto, el recreo físico se posiciona como un espacio clave para la regulación del estrés y el desarrollo de habilidades sociales.

Así, lo que comenzó como una regulación normativa comienza a consolidarse como un cambio de paradigma: una transformación donde lo analógico no aparece como nostalgia, sino como una herramienta concreta para mejorar la convivencia, el aprendizaje y el bienestar en las comunidades educativas.

 

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Equipo Prensa
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