El riesgo actual radica en que, bajo el amparo de esta supuesta «lógica de la vida», se han filtrado nociones de la pseudociencia directamente al torrente del sentido común. Afirmaciones falsas como que el consumo de carne altera la agresividad humana, que las vacunas provocan autismo o que beber agua de mar cura el cáncer, se validan socialmente a través de costumbres mal entendidas y experiencias anecdóticas. Se asumen así significados «naturales» que simplemente se dan por sentados. Lo cierto es que la gran mayoría de estas premisas se sostienen sobre falacias cognitivas y malas interpretaciones, nacidas a veces de la ignorancia genuina y, en otras ocasiones, de agendas personales diseñadas para manipular a la población. Este fenómeno encuentra una explicación científica en el conocido Efecto Dunning-Kruger. Este sesgo cognitivo demuestra que, al adquirir nociones superficiales sobre un tema, el individuo experimenta una confianza desmedida, creyendo falsamente haber comprendido la totalidad del asunto. Solo cuando se profundiza en el conocimiento, la persona descubre la verdadera magnitud de lo que ignora, provocando una caída forzosa de su confianza que solo se recuperará tras años de esfuerzo, estudio y rigurosa labor académica.

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