La referente uruguaya en transformación digital de la enseñanza y exjefa de Laboratorios Digitales de Plan Ceibal, plantea que la inteligencia artificial debe incorporarse de manera gradual y con orientación docente, sin reemplazar capacidades como la creatividad, la escritura o la resolución de problemas. Este sábado 25 de julio, en el Colegio Mayor Peñalolén, participará de la jornada de cierre de los tres diplomados sobre el tema organizados por la Fundación Cruzando.
“Si los docentes no lo enseñamos, ¿cómo lo van a aprender?”. La pregunta, que suena más a advertencia que a duda, pertenece a Magela Fuzatti, especialista uruguaya en innovación y tecnología aplicada a la enseñanza, y resume buena parte de su postura frente a uno de los debates más candentes del ámbito educativo: qué hacer con la inteligencia artificial dentro de la sala de clases. Mientras países como Noruega optan por restringir su uso entre los niños más pequeños y otros, como Estonia, apuestan por integrarla de lleno al plan docente, ella defiende una tercera vía, menos ruidosa pero, a su juicio, más efectiva: ni prohibir ni entregar el control a la máquina, sino formar a los profesores para que enseñen a usarla con criterio.
Fuzatti es una de las voces más reconocidas de Latinoamérica en transformación digital de la enseñanza. Con más de veinte años de trayectoria en programación, robótica, pensamiento computacional y formación docente, se desempeñó como jefa de Laboratorios Digitales de Plan Ceibal, la política pública que contribuyó a posicionar a Uruguay como referente internacional en la modernización tecnológica de la educación. Actualmente dirige junto a otros colegas Elemental Ciencias de la Computación, entidad dedicada a acercar la tecnología y el pensamiento computacional a niños, jóvenes y educadores. Es también docente colaboradora de las diplomados en inteligencia artificial de la Fundación Cruzando, en Chile.
Precisamente en el marco de esos planes educativos, Fuzatti llega al país para participar este sábado 25 de julio en el cierre de tres programas de formación desarrollados durante los últimos meses. Las iniciativas, centradas en creatividad, pensamiento computacional y aplicación pedagógica de la inteligencia artificial, reunieron a docentes y profesionales de la educación de Latinoamérica y el Caribe. La jornada se realizará en el Colegio Mayor Peñalolén, donde la experta ofrecerá una conferencia sobre construccionismo, corriente pedagógica que plantea que el aprendizaje más profundo surge cuando las personas crean objetos o proyectos con sentido propio, en lugar de limitarse a recibir información.
Antes de su llegada a Chile, Fuzatti evaluó los principales dilemas que enfrenta hoy la educación ante la inteligencia artificial: la resistencia de algunos docentes, el riesgo de un aprendizaje superficial, las políticas de países como Noruega y Estonia, la evaluación en tiempos de IA generativa y la posibilidad de que esta tecnología termine ampliando la brecha educativa en una región como Sudamérica.
Desde su experiencia formando y trabajando con docentes, ¿percibe todavía resistencia al uso de la inteligencia artificial en la educación?
“Sí, considero que hay docentes que todavía tienen resistencia al uso de la inteligencia artificial. Por eso tenemos que formarlos en los riesgos y las oportunidades que tiene esta herramienta, en pensamiento crítico y creatividad, y en cómo poder aplicarlos. Sabemos que los niños la van a usar igual, porque esto llegó para quedarse. Entonces lo que tenemos que cambiar como docentes es la forma de preguntar, la forma en que planteamos las tareas, para que puedan aplicar ahí mismo el pensamiento crítico y la creatividad”.
¿La inteligencia artificial está mejorando realmente el aprendizaje o solo está ayudando a completar más rápido las tareas, sin comprender mejor los contenidos?
“Si vamos por la forma rápida, no. Tendríamos que ir por la forma lenta y profunda. Ya hay estudios que muestran que, si los estudiantes la usan solamente de esa forma rápida, lo que genera es menos conocimiento de lo que están estudiando: no crean, no piensan, no llegan a la resolución de problemas. Hay tres conversaciones que podemos tener con la inteligencia artificial: rápida, lenta y profunda. La rápida es utilizarla para ser más eficaces en nuestra gestión como docentes. La lenta es tomarla como un instrumento para pensar, como una herramienta cognitiva, y reflexionar como docentes cómo vamos a usarla con los estudiantes, cuáles son las buenas prácticas y qué hay que evitar. Y la profunda es aplicar pensamiento creativo y crítico, además de programar para aprender, pasando los estudiantes a ser constructores en vez de consumidores”.
Existe una corriente que sostiene que los niños, especialmente en los primeros años de escolaridad, no deberían utilizar inteligencia artificial. ¿Comparte esa postura o cree que prohibirla puede terminar dejando a los estudiantes rezagados?
“Yo pienso que no hay que prohibir, que hay que enseñar. Lo que debemos tener es un trayecto para la enseñanza de la inteligencia artificial según las edades. Existen formas de enseñar cómo funciona, con juegos, con las llamadas actividades desenchufadas, que nos permiten explicar su funcionamiento sin pantalla, sin computador. Eso hace que, de forma divertida, podamos trabajar con los niños en edades tempranas: cómo funciona la inteligencia artificial, qué decisiones toma y por qué llega a determinado resultado”.
¿Qué capacidades podrían debilitarse si un niño comienza demasiado temprano a delegar en la IA tareas como escribir, imaginar o resolver problemas?
“Justamente esas no hay que delegarlas. Escribir, imaginar, resolver problemas y buscar respuestas a través de la investigación no las podemos delegar a la inteligencia artificial, porque ahí estamos cortando la parte de la creatividad. Siempre hay que escribir, siempre hay que imaginar, siempre hay que plantearles desafíos para que puedan resolver esos problemas e investigar de otra forma. Y otras cosas que hay que darles a los niños son libros, porque los libros les ayudan a imaginar muchísimas cosas: cómo son los personajes, cómo piensan. A mí me parece que esas cosas tienen que seguir siendo como las fuimos estudiando todos nosotros”.
¿A partir de qué edad y bajo qué condiciones sería razonable incorporar herramientas de inteligencia artificial en la sala de clases?
“Pienso que no es por el lado de restringir, sino de ese trayecto según la edad que mencionaba, trabajando sin pantallas con las edades más chicas: viendo cómo funciona la inteligencia artificial, buscando alternativas frente a un determinado desafío. Por ejemplo, si tomamos este paso, ¿qué pasaría? Y si tomamos este otro, ¿qué pasaría? Desde chicos se puede trabajar este tema, pero siempre por el lado de las actividades desenchufadas, sin pantallas”.
Noruega, Estonia y la pregunta por el camino intermedio
Noruega decidió que los estudiantes de entre 6 y 13 años no utilicen, como regla general, inteligencia artificial generativa, porque considera que podrían saltarse etapas fundamentales del aprendizaje. ¿Le parece una señal que Chile y Sudamérica deberían atender?
“Yo considero que no hay que ir por el lado de prohibir, sino de enseñar respetando cada una de las etapas según la edad. Porque, ¿qué va a pasar si los docentes no lo enseñamos? ¿Cómo lo van a aprender? Lo van a usar de la forma rápida, sin aplicar pensamiento crítico ni pensamiento creativo. Entonces los docentes tenemos que insistir en eso y enseñarles esto. No va por la prohibición, porque, a ver, lo estamos prohibiendo en ciertos lugares y, aun así, ellos van a encontrar la forma de hacerlo igual. Ahí es donde sube la alerta sobre qué pasa con el pensamiento crítico, el pensamiento creativo y toda la imaginación si lo hacen solos. Tiene que ser con una guía nuestra, con una guía de los docentes”.
En el extremo contrario, Estonia entrega herramientas de IA a los estudiantes, capacita masivamente a los docentes y busca que la inteligencia artificial sea parte central del aprendizaje. ¿Es ese el camino que deberían seguir Chile y Sudamérica?
“Pienso que sí, que la inteligencia artificial tiene que estar en los planes educativos. Hay que formar a todos los docentes en estas cosas que estuvimos hablando, para la buena aplicación, para poder trabajar junto con los estudiantes sin perder todo lo que conversamos. Justamente con Rodrigo Fábrega, presidente de la Fundación Cruzando, hemos hablado de que los colegios tendrían que tener un departamento de inteligencia artificial, donde se pudiera discutir la forma lenta y profunda de su aplicación: qué se ha hecho, cuáles son las buenas prácticas, qué hay que evitar. Trabajando como comunidad, e inserto en el centro del colegio”.
¿Cómo observa la situación de Chile y Sudamérica frente a los países que llevan más tiempo incorporando inteligencia artificial en la educación? ¿Estamos atrasados, actuando con prudencia o adoptando herramientas sin una estrategia suficientemente clara?
“Yo no creo que estemos atrasados. En algunos lugares se está actuando con prudencia, y pienso que en varios se están pensando estrategias para la adopción de esta herramienta, y también para la formación de los docentes”.
En una región marcada por importantes brechas sociales y digitales, ¿la IA puede democratizar el acceso a una educación de calidad o corre el riesgo de ampliar todavía más la distancia entre los colegios con mayores recursos y los más vulnerables?
“La IA puede democratizar el acceso a una educación de calidad, porque es una herramienta para la creatividad, un aumento de la creatividad en la sala. Hay que entregarle siempre al docente herramientas para que sean los niños y las niñas quienes le digan a la inteligencia artificial lo que tienen que hacer, y no al revés: que el computador no sea el que les diga a los niños qué hacer. Así se vuelven creadores y no meros consumidores. Si los docentes, tanto de colegios con mayores recursos como de los más vulnerables, se forman desde esta lógica, yo pienso que no estaría en riesgo ampliar esa distancia”.





















