José Pedro Hernández Historiador y académico de Universidad de Las Américas

Hay presidentes recordados por sus obras, otros por sus crisis y algunos por la forma en que terminaron sus gobiernos. Pedro Montt parece reunir un poco de todo aquello. Gobernó Chile entre 1906 y 1910, y si miramos los acontecimientos que marcaron esos cuatro años, cuesta pensar que la fortuna nunca estuvo demasiado de su lado.

Su historia como mandatario comenzó incluso antes de cruzar la puerta de La Moneda. El 16 de agosto de 1906, apenas un mes antes de asumir, un devastador terremoto golpeó Valparaíso y la zona central. Montt recibió así un país que debía reconstruir parte importante de uno de sus principales puertos y enfrentar las consecuencias económicas de la tragedia.

Pero aquello sería solo el comienzo.

En diciembre de 1907 ocurrió uno de los episodios más dolorosos de nuestra historia, la matanza de la Escuela Santa María de Iquique. Miles de trabajadores salitreros y sus familias se habían movilizado buscando mejores condiciones laborales. El conflicto terminó el 21 de diciembre, cuando las fuerzas militares comandadas por el general Roberto Silva Renard abrieron fuego contra quienes permanecían en la escuela. El episodio quedó para siempre como una de las heridas más profundas de la cuestión social chilena.

Como si aquello fuera poco, Montt gobernó en medio de fuertes dificultades económicas. La depreciación de la moneda, el aumento del costo de vida y las disputas en torno al papel moneda, golpeaban a una población donde las diferencias se hacían cada vez más visibles. Era el Chile de la “cuestión social”, pero también de aquella “crisis moral” de la República que denunciaban intelectuales de la época.

Sin embargo, la historia todavía le reservaba una última paradoja.

Pedro Montt debía ser el Presidente del Centenario. Le correspondía encabezar las celebraciones de septiembre de 1910, cuando Chile cumpliría cien años desde el inicio del proceso de Independencia. Pero no alcanzó a hacerlo.

En julio de ese año viajó a Europa buscando tratamiento para sus problemas de salud. Murió en Bremen, Alemania, el 16 de agosto de 1910, exactamente cuatro años después del terremoto de Valparaíso y apenas un mes antes de los festejos. 

¿Un presidente maldecido? Probablemente sea mejor dejar la respuesta a la superstición. Lo cierto es que pocas presidencias chilenas concentraron, en apenas cuatro años, terremotos, crisis económicas, conflictos sociales, tragedias y hasta la muerte del propio mandatario.

Pedro Montt no llegó al Centenario que estaba llamado a celebrar, pero su gobierno terminó convirtiéndose, quizás sin proponérselo, en un retrato de aquel Chile que llegaba a sus primeros cien años, orgulloso de sus avances, pero profundamente tensionado por los problemas que aún no había logrado resolver.

 

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