Uno de los principales escenarios de estudio ha sido el archipiélago Juan Fernández, un verdadero laboratorio natural que permite explorar fenómenos que ocurren a cientos de kilómetros bajo la superficie terrestre.
Los volcanes más abundantes y menos conocidos del planeta
Aunque suelen pasar desapercibidos para la mayoría de las personas, los volcanes submarinos son mucho más abundantes que los volcanes continentales. Sin embargo, paradójicamente, también se encuentran entre las estructuras geológicas menos estudiadas de la Tierra.
La razón es simple: acceder a ellos resulta extremadamente complejo. Muchas de estas formaciones se encuentran a cientos o miles de metros bajo el nivel del mar, por lo que obtener muestras requiere costosas campañas oceanográficas y maniobras altamente especializadas.
«Hay volcanes submarinos de varios kilómetros de altura, incluso algunos más grandes que los volcanes continentales, de los que apenas tenemos unas pocas muestras de roca; y esos son los más conocidos porque otros aún no han sido visitados», explica Lara.
Gracias a proyectos financiados por ANID y al uso de buques oceanográficos, el equipo ha logrado recuperar muestras de montes submarinos que nunca habían sido estudiados. En algunos casos, los investigadores han sido los primeros en obtener rocas provenientes de estructuras prácticamente desconocidas para la ciencia.
La exploración de estos ambientes presenta desafíos comparables a los de las misiones espaciales, ya que una sola muestra obtenida desde el fondo oceánico puede representar años de trabajo y convertirse en la base de investigaciones que se desarrollarán durante décadas.
Hawái no es la única respuesta
Durante años, gran parte de las explicaciones sobre volcanismo oceánico se construyeron a partir del caso de Hawái, el arquetipo para este tipo de volcanismo. Sin embargo, investigaciones recientes en otros lugares, entre ellas las desarrolladas por Lara y sus colaboradores en Juan Fernández, sugieren que ese modelo podría no representar adecuadamente lo que ocurre en otros sistemas asociados a ‘hotspots’ en el mundo.
Los resultados obtenidos en Juan Fernández, y en alguna medida San Félix, San Ambrosio, Sala y Gómez e Isla de Pascua, muestran algunas diferencias importantes en la composición de las rocas y en los procesos que generan el magma.
«Todos los demás casos se parecen más entre ellos que a Hawái», señala el investigador, quien actualmente trabaja en el desarrollo de un modelo más general para comprender este tipo de volcanismo.
Uno de los principales hallazgos del equipo apunta precisamente a que los mecanismos que explican en particular el denominado ‘volcanismo rejuvenecido’ —episodios eruptivos que ocurren millones de años después de la formación de un volcán de escudo, que es a su vez el núcleo principal de la isla o monte submarino— son más complejos de lo que se pensaba y no pueden explicarse únicamente a partir del modelo hawaiano.
¿Podrían volver a presentar actividad eruptiva, después de tantos años de reposo?
Aunque no existen registros históricos de actividad volcánica reciente asociada a los montes submarinos de la dorsal de Juan Fernández, la evidencia geológica indica que estos sistemas registraron erupciones muy posteriores a la etapa de construcción principal y que, en teoría, algunos de ellos podrían volver a activarse bajo determinadas condiciones.
La posibilidad de que ocurra una nueva erupción depende de factores que aún son objeto de investigación, entre ellos la profundidad a la que se genera el magma y los mecanismos que controlan la deformación de la litosfera oceánica.
Eventos recientes como la erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, en 2022, demostraron que el volcanismo submarino puede generar explosiones de gran magnitud, producir tsunamis y provocar impactos a escala regional e incluso global. Otras erupciones submarinas, sin embargo, podrían haber sido inadvertidas.
Según explica el Dr. Lara, una erupción en los márgenes de una isla oceánica o en montes submarinos relativamente someros, podría tener efectos de diversa índole dependiendo de la profundidad a la que ocurra. Mientras algunas erupciones podrían no tener mayor expresión en superficie, otras podrían generar explosiones hidromagmáticas y tsunamis de origen volcánico afectando a las zonas circundantes.
Por ello, comprender la historia y evolución de estos volcanes no solo permite conocer mejor el funcionamiento interno del planeta, sino también mejorar nuestra percepción de las amenazas naturales en ambientes insulares.
«Durante décadas se pensó que las erupciones submarinas tenían efectos limitados, y probablemente así en la mayoría de los casos, pero eventos recientes han demostrado que también pueden generar impactos importantes en la superficie y por eso vale la pena estudiarlas», agregó.
Para el académico UACh, uno de los mayores atractivos de esta línea de trabajo es precisamente la posibilidad de estudiar lugares donde todavía quedan preguntas fundamentales sin responder.
«Muchas veces trabajamos en áreas remotas y desconocidas para la ciencia, donde apenas existen unos pocos antecedentes previos, o derechamente nunca han sido exploradas. Todavía hay mucho por descubrir bajo el océano», concluye.
























