Mackarena Gallardo – Académica Diplomado en Marketing Digital UNAB

Las recientes controversias protagonizadas por influencers chilenas, que derivaron en el término de colaboraciones con importantes marcas, vuelven a instalar una pregunta clave: ¿qué están comprando realmente las empresas cuando contratan a un creador de contenido?

Durante años, el influencer marketing se entendió como una herramienta para amplificar alcance. Más seguidores significaban mayor visibilidad y, en teoría, mejores resultados comerciales. Hoy esa lógica cambió, las marcas ya no buscan solo audiencias masivas, buscan credibilidad, afinidad y confianza. En otras palabras, buscan asociarse al capital reputacional del creador.

Por eso, las polémicas recientes no representan el fracaso del influencer marketing, sino una señal de su madurez.

Según Kantar, el 61% de los profesionales del marketing proyecta aumentar la inversión en creadores de contenido. Sin embargo, el mismo estudio muestra que no todas las colaboraciones fortalecen la construcción de marca. El éxito ya no depende solo del alcance o el engagement, sino de la coherencia entre los valores del influencer y los de la empresa.

En este contexto, el influencer deja de ser un canal de comunicación para convertirse en un socio reputacional. Su principal activo no son los seguidores, sino la confianza que ha construido con su comunidad, y cuando una conducta contradice los valores que una marca promueve, esa confianza también se pone en juego.

No se trata de responsabilizar a las empresas por las decisiones personales de un creador, sino de entender que toda alianza implica una transferencia de reputación. Al asociarse con un influencer, una marca asume que parte de la percepción pública sobre ese creador también puede impactar en su propia imagen.

Los consumidores, además, son cada vez más exigentes. Ya no evalúan solo el producto o el precio, también observan las decisiones de las empresas, las personas con las que se asocian y cómo reaccionan frente a una crisis. La reputación se construye, cada vez más, desde la coherencia.

Este escenario exige profesionalizar el influencer marketing. La elección de un creador no puede basarse únicamente en seguidores, alcance o visualizaciones. Debe considerar afinidad con la marca, evaluación reputacional, criterios éticos y una mirada de largo plazo. La reputación pasó a ser un KPI tan relevante como el engagement.

El influencer marketing seguirá creciendo, pero su evolución dependerá menos de los algoritmos y mucho más de la confianza. Porque las marcas ya no están contratando solo contenido, están eligiendo a las personas que las representan frente a millones de consumidores. Y esa decisión dejó de ser únicamente una apuesta de marketing para convertirse en una decisión estratégica y reputacional.

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Equipo Prensa
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