Hablar de reinserción social implica necesariamente hablar de oportunidades, entre ellas, la educación ocupa un lugar fundamental, especialmente cuando se trata de personas privadas de libertad. En este contexto, la formación técnica de nivel superior representa mucho más que la adquisición de conocimientos o competencias laborales: constituye una posibilidad concreta de reconstrucción personal, dignidad y proyección de vida.

Durante años, la discusión sobre seguridad pública se ha concentrado principalmente en el control y la sanción; sin embargo, resulta evidente que los procesos de reinserción efectivos requieren generar espacios reales de formación y desarrollo humano, es así como la educación técnica permite desarrollar capacidades útiles para el trabajo, fortalecer la autoestima y proyectar un futuro diferente.

La formación técnica posee además una característica esencial: su estrecha vinculación con el mundo laboral y con las necesidades reales de los territorios, esto la transforma en una herramienta especialmente pertinente en contextos penitenciarios, donde muchas personas enfrentan trayectorias marcadas por la exclusión educativa y social. Entregar acceso a estudios superiores técnicos no sólo amplía posibilidades de empleo, sino que también favorece procesos de responsabilidad, disciplina, perseverancia y autonomía.

En Chile existen experiencias que demuestran que este camino es posible, una de estas experiencias, por más de diez años, corresponde a la carrera de Técnico Universitario en Alimentos, impartida por el Instituto Tecnológico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción al interior de un recinto penitenciario. Esta iniciativa ha permitido que personas privadas de libertad accedan a formación superior de calidad, vinculada a competencias técnicas concretas y alineadas con las exigencias del sector productivo.

El impacto de esta experiencia trasciende lo académico, la posibilidad de cursar estudios superiores modifica las expectativas personales y familiares de los estudiantes, fortalece la convivencia al interior de los recintos penales y genera nuevas oportunidades de integración social una vez recuperada la libertad. Además, constituye una señal potente respecto de la responsabilidad social que deben asumir las instituciones de educación superior frente a problemáticas complejas del país.

Educar en contextos de encierro no significa desconocer responsabilidades individuales ni minimizar el daño causado, muy por el contrario, significa comprender que toda sociedad que aspire verdaderamente a la seguridad y al desarrollo humano debe ofrecer caminos de transformación. Apostar por la formación técnica en contextos de encierro es apostar por personas capaces de reconstruir su proyecto de vida y aportar positivamente a la sociedad.

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Equipo Prensa
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