¿Qué pasa cuando el juego deja de ser entendido como una pausa dentro de la jornada escolar y comienza a convertirse en una forma de aprender? Esa es una de las preguntas que hoy atraviesa la educación inicial, donde distintas comunidades educativas están revisando cómo acompañar el desarrollo de los niños en un escenario marcado por nuevas formas de relacionarse, aprender y descubrir el mundo.

Durante los primeros años de vida, jugar permite desarrollar habilidades fundamentales: imaginar soluciones, expresar emociones, comunicarse con otros, resolver problemas y aprender a enfrentar desafíos. Sin embargo, la infancia actual enfrenta un cambio profundo: más tiempo frente a pantallas, menos oportunidades de exploración libre y rutinas cada vez más estructuradas.

Según la Radiografía Digital de Niños, Niñas y Adolescentes 2025, elaborada por Claro Chile y Criteria, el 55% de los niños en Chile comenzó a utilizar dispositivos electrónicos antes de los 7 años. Esta realidad ha impulsado una conversación en las comunidades educativas sobre cómo equilibrar la tecnología con experiencias que permitan a los niños moverse, crear, experimentar y aprender junto a otros.

En este contexto surge Ludilearns, una propuesta educativa para Educación Parvularia inspirada en los principios del Currículum Británico para la Primera Infancia (Early Years Foundation Stage – EYFS) y en las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, que busca transformar la experiencia del aprendizaje temprano al reconocer el juego como el eje del aprendizaje. La metodología promueve experiencias que nacen de la curiosidad y los intereses de cada niño, favoreciendo la exploración, la creatividad y un aprendizaje activo y significativo.

Implementada por el Colegio Pumahue Chicureo, perteneciente a la red internacional Cognita, Ludilearns se desarrolla a través de ambientes preparados e intencionadamente diseñados para despertar la curiosidad, favorecer la exploración y ofrecer múltiples oportunidades de aprendizaje. En estos espacios, los estudiantes investigan, manipulan materiales, desarrollan ideas y colaboran entre sí, siempre acompañados por educadoras que reconocen y potencian sus distintos ritmos e intereses.

«Durante mucho tiempo pensamos que el juego era una pausa dentro de la jornada escolar. Hoy entendemos que, especialmente en los primeros años, es una de las formas más profundas de aprender. Con Ludilearns buscamos poner a los niños en el centro de su aprendizaje, creando experiencias que los inviten a explorar, crear y descubrir, respetando sus propios ritmos y potenciando sus habilidades», explica Andrea Correa Albornoz, rectora del Colegio Pumahue Chicureo.

Cuando jugar también es aprender

La metodología se estructura en tres pilares:

  • Aprendizaje individualizado: cada niño tiene distintos ritmos, intereses y formas de aprender. Por eso, las experiencias educativas se adaptan para acompañar su desarrollo.
  • El juego como eje del aprendizaje: las actividades lúdicas se convierten en el punto de partida para fortalecer la creatividad, la autonomía, el pensamiento crítico y la resolución de problemas.
  • Espacios de exploración y colaboración: las salas se convierten en ambientes donde los estudiantes pueden investigar, experimentar y construir aprendizajes junto a otros.

Así, una actividad como construir, crear una historia, resolver un desafío o explorar un material no es solo una instancia de entretención, sino una oportunidad para desarrollar habilidades cognitivas, sociales y emocionales.

Con Ludilearns, la discusión sobre el futuro de la educación inicial apunta a una idea central: en los primeros años, aprender no siempre comienza con una respuesta. Muchas veces comienza con una pregunta, una exploración o un juego con sentido.

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Equipo Prensa
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