El reciente estudio de Ipsos sobre el consumidor latinoamericano 2026 identifica diez tendencias que están transformando la relación entre las personas y las marcas. Al revisarlas, hay una industria que parece reunir casi todas ellas en un solo fenómeno: el mercado de las mascotas en Chile.

Hace tiempo que dejó de ser un nicho. Hoy hablamos de una industria que supera los 1.300 millones de dólares (¿esta cifra es mundial?? y que sigue creciendo año tras año. Entre 2021 y 2026, el número de tiendas de mascotas y clínicas veterinarias aumentó un 71% en el país. 

¿Qué explica este boom? No el precio, no la promoción, no el Cyber Day. Lo explica algo mucho más poderoso: el vínculo emocional.

Perros y gatos ya no ocupan el patio de la casa; ocupan un lugar en la mesa, en las conversaciones familiares y, por supuesto, en el presupuesto mensual.

Tienen médico de cabecera, planes de salud, alimentación especializada, servicios de cuidado e incluso psicólogo. En otras palabras, las mascotas se han integrado plenamente a la vida familiar, y eso ha cambiado la forma en que las personas consumen.

Aquí aparece una lección que el marketing no debería ignorar.

Según Ipsos, el consumidor latinoamericano actual es altamente sensible al precio, pero no deja de gastar: simplemente elige con mucho más cuidado dónde hacerlo. Y las mascotas son una de esas categorías donde el gasto no se percibe como un lujo, sino como una inversión emocional.

Muchas personas reducen gastos en vestuario, entretenimiento o salidas, pero difícilmente escatiman cuando se trata de la salud o el bienestar de sus animales. No es casualidad que la categoría mascotas haya sido una de las de mayor crecimiento dentro del retail durante los últimos años.

La razón es simple: pocas categorías generan niveles de lealtad tan altos. Cuando una marca de alimento funciona, cuando una clínica veterinaria genera confianza o cuando un servicio contribuye al bienestar de la mascota, la relación deja de ser transaccional. Se convierte en un hábito, en una rutina y, muchas veces, en una relación de largo plazo.

Esta realidad conecta directamente con otra de las grandes tendencias identificadas por Ipsos: la confianza como activo estratégico. En un contexto donde la desconfianza hacia instituciones y organizaciones sigue creciendo, las marcas que logran formar parte de los espacios más íntimos de la vida cotidiana construyen ventajas competitivas difíciles de replicar.

Y hoy, para millones de hogares, las mascotas ocupan precisamente ese espacio.

Por eso, quizás la principal enseñanza de esta industria no tiene que ver con perros o gatos. Tiene que ver con personas. El mercado de mascotas no creció porque las empresas fueran necesariamente más innovadoras o más eficientes. Creció porque entendió, consciente o inconscientemente, un cambio profundo en las prioridades y emociones de los consumidores.

Las marcas que sean capaces de comprender qué vínculos son realmente importantes para las personas tendrán mayores posibilidades de crecer y diferenciarse. Las que sigan compitiendo únicamente por precio corren el riesgo de quedarse fuera de la conversación.

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Equipo Prensa
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