Lorena Jofré Decana Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía Universidad de Las Américas

 

Cada 4 de agosto conmemoramos un hito que transformó la relación entre la ciencia, los animales y la sociedad. Ese día de 1761, el rey Luis XV de Francia autorizó la creación de la primera Escuela de Medicina Veterinaria del mundo, idea gestada por Claude Bourgelat. Lo que nació con el propósito de controlar las enfermedades animales y proteger la economía de la época, dio origen a una disciplina científica que, 265 años después, continúa ampliando sus fronteras y reafirmando su relevancia para el desarrollo de la humanidad.

La determinación de Bourgelat permitió sentar las bases de una profesión que rápidamente se expandió por el mundo, convirtiéndose en un componente esencial para enfrentar desafíos vinculados a la salud animal y pública, producción de alimentos, conservación de la biodiversidad, la sostenibilidad ambiental y la investigación científica. Hoy resulta imposible comprender el concepto de Una Salud (One Health) sin reconocer el aporte estratégico de la medicina veterinaria en la interconexión entre la salud de las personas, los animales y los ecosistemas.

Vivimos en un escenario marcado por enfermedades emergentes, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la resistencia a los antimicrobianos y una creciente demanda por sistemas de producción más sostenibles y respetuosos con el bienestar animal. Frente a este contexto, el rol del médico veterinario adquiere una dimensión cada vez más amplia y trascendente, participando activamente en equipos multidisciplinarios que buscan soluciones basadas en evidencia para responder a problemas complejos que impactan a toda la sociedad.

Esta realidad también redefine la misión de las escuelas de medicina veterinaria. Ya no basta con formar profesionales técnicamente competentes; sino que deben contar con pensamiento crítico, compromiso ético, responsabilidad ciudadana y una profunda vocación de servicio. Además, tienen que ser capaces de adaptarse a un entorno en permanente transformación, de impulsar la innovación y de comprender que el aprendizaje continuo constituye una condición indispensable para ejercer con excelencia.

Conmemorar este aniversario no significa únicamente recordar el origen de la profesión. Es reconocer una historia de permanente evolución y reafirmar la responsabilidad que tenemos de seguir construyendo una medicina veterinaria capaz de anticiparse a los desafíos del futuro. Porque cuidar la salud animal, proteger los ecosistemas y contribuir al bienestar de las personas no son tareas independientes: son parte de una misma misión, cuyo valor resulta hoy más evidente que nunca.

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