Ese crecimiento ha ido acompañado por un modelo educativo que busca combinar excelencia académica y formación integral. Entre sus sellos institucionales se encuentran el aprendizaje de calidad, el desarrollo del pensamiento reflexivo y crítico, la valoración de la diversidad y la promoción del buen trato, junto con una formación que incorpora las dimensiones intelectual, afectiva, emocional, física y medioambiental. A ello se suman el Programa de Integración Escolar y experiencias de aprendizaje vinculadas con la sustentabilidad y el entorno.
El reconocimiento como Colegio Bicentenario, vigente desde 2023, representa otro hito de una trayectoria que ha buscado ampliar oportunidades desde La Pintana. Así, el establecimiento no solo ha formado a miles de egresados que han continuado estudios superiores o se han incorporado al mundo laboral, sino que ha construido una comunidad educativa de gran escala que aporta cotidianamente al desarrollo social y formativo del territorio.
Un colegio más humano para las próximas décadas
El cierre de la ceremonia de aniversario estuvo a cargo de Alejandra Huneeus Bañados, presidenta de la Fundación FEIZH y sostenedora del colegio, quien vinculó esa proyección con la gratitud hacia quienes han construido la institución. “Descartes dijo ‘Pienso, luego existo’. Hoy, en nuestros 30 años, puedo decir: agradezco y luego sueño, porque solo desde la gratitud por lo construido podemos sortear lo que se viene”, señaló en su emotivo discurso.
En su intervención, Alejandra Huneeus abordó también el desafío que representa la irrupción de la inteligencia artificial en la educación y sostuvo que la tecnología puede transformar procesos, pero no sustituir aquello que ocurre en la relación humana que sostiene el aprendizaje. Junto con ello, destacó la importancia de seguir ampliando las experiencias educativas más allá de la sala de clases y profundizar la conexión de los estudiantes con su entorno.
Al proyectar el colegio que espera para las próximas décadas, la sostenedora resumió esa aspiración en una idea que marcó el cierre de la conmemoración: “La inteligencia artificial no puede reemplazar al ser humano en su esencia ni a las emociones. Por eso sueño con un colegio más humano y centrado en las personas, donde las emociones de los niños sean el centro de todo, ya que sin emoción no existe aprendizaje”.
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