El primer catastro nacional de familias de acogida externa sin vínculo previo identificó 367 hogares que reciben temporalmente a niños con quienes no tenían una relación anterior. La investigación del Observatorio para la Familia de la Universidad San Sebastián (USS), respondida por 85 programas, muestra que el 80,4% de estas familias acoge por primera vez y recoge una preocupación de los equipos profesionales: el apoyo que necesitan quienes asumen el cuidado.

Para Sylvia Eyzaguirre, directora general de Humanidades de la USS, el estudio “viene a llenar un vacío enorme en la política pública”. Al comentar sus resultados, planteó revisar los criterios de selección de las familias y considerar a los hogares no biparentales en las estrategias para convocar a nuevos cuidadores.

Francisco Covarrubias, director ejecutivo de la Fundación ProAcogida, puso el acento en la necesidad de ampliar el número de familias. A partir de los datos, estimó que en Chile habría como máximo unas 600 de este tipo y que sería necesario duplicarlas para recibir a los niños menores de cuatro años que hoy viven en residencias.

La cifra efectivamente registrada es de 367 familias y corresponde a los 85 programas de Familias de Acogida Especializada (FAE) que respondieron, de un total de 130 consultados. El catastro, con corte al 31 de diciembre de 2025, tuvo una participación del 65,4% y no establece un total nacional definitivo. La respuesta alcanzó el 83,8% en la Región Metropolitana y el 47,1% en la zona norte.

“Saber cuántas son, dónde están y cómo viven es el primer paso para cuidarlas mejor y para diseñar políticas públicas que garanticen el derecho de cada niño a crecer en familia”, señaló Maite Cereceda, directora del Observatorio.

Los antecedentes muestran que el 89,5% de quienes ejercen el cuidado principal son mujeres y el 57,7% tiene un trabajo remunerado. Solo el 17,4% pudo utilizar postnatal o permiso parental, proporción que cae al 6,5% en la Región Metropolitana. La propia familia aparece como la principal red de apoyo para el 72,2% de los hogares, mientras que el apoyo público llega al 45,2%.

El estudio también describe hogares diversos. El 70,4% es biparental y cerca de tres de cada diez corresponde a otras configuraciones; en el norte, el 29,6% es monoparental. Casi tres de cada cuatro familias tienen ingresos mensuales inferiores a $2 millones. La investigación concluye que no existe un perfil único al que debieran restringirse las convocatorias.

Además del catastro, el trabajo incluyó siete entrevistas en profundidad a directivos y profesionales de captación de programas FAE de las regiones Metropolitana, del Maule, de Los Ríos y de Los Lagos. Sus testimonios coinciden en la necesidad de acompañar tanto a los niños como a las familias.

“La familia de acogida también llora. […] No tenemos quién nos contenga a nosotros”, relató un director de Los Lagos al citar a las familias de su programa.

Los entrevistados identifican dificultades en la relación con la familia de origen, incertidumbre sobre los tiempos judiciales y sobrecarga de los equipos. Valoran la vinculación progresiva entre el niño y el hogar que lo recibirá, y describen problemas cuando los ingresos deben resolverse de urgencia. La confusión entre acogimiento y adopción, además, apareció en las siete entrevistas.

El costo de preparar la llegada de un niño es otra dificultad. Según los profesionales consultados, la subvención ronda los $150.000 mensuales, mientras que equipar el hogar puede demandar hasta $600.000.

Los resultados de “Familias de Acogida Externa: Caracterización y Perspectivas Nacionales” se presentaron el 14 de octubre en el Campus Los Leones de la USS. El estudio se realizó en alianza con la Fundación ProAcogida, y fue financiado por la Universidad de los Andes mediante su proyecto BiCI, con recursos de ANID.

Entre las medidas propuestas figuran financiar el seguimiento de las familias después del egreso, establecer la vinculación progresiva como estándar mínimo y crear un fondo ágil para equipamiento y salud mental infantil. El trabajo también plantea rediseñar los registros de los programas para contar con información que permita planificar la captación y el acompañamiento.

 

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Equipo Prensa
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