• Quien utilice inteligencia artificial en su trabajo debe saber que responde por cada dato, cita y conclusión que incorpora. Una respuesta puede estar bien redactada y contener una sentencia, una fuente o una declaración inexistentes. La IA aporta velocidad y capacidad de procesamiento, su valor aparece cuando el profesional revisa sus resultados y los respalda con evidencia.

Los tribunales ya fijan un estándar claro: la información generada con IA adquiere valor jurídico cuando ha sido verificada. En 2023, un tribunal de Nueva York multó con 5.000 dólares a dos abogados y a su estudio por presentar jurisprudencia inventada por ChatGPT. En 2026, Chile reafirmó ese criterio: un juzgado de Concepción sancionó a un abogado por incorporar fallos inexistentes, y la Corte Suprema suspendió por un mes a una abogada y le impuso cinco UTM por usar citas doctrinales creadas por un chat impulsado con IA. La solidez de un escrito comienza en la autenticidad de sus fuentes.

La responsabilidad trasciende los tribunales. Un periodista del Cody Enterprise, en Wyoming, renunció tras publicar declaraciones fabricadas por inteligencia artificial y atribuirlas a fuentes reales. Deloitte Australia devolvió parte del pago por un informe público con referencias académicas inexistentes y una cita judicial inventada. En ambos casos, información verosímil adquirió legitimidad profesional antes de ser comprobada. Las consecuencias alcanzaron empleos, contratos y reputaciones.

Las alucinaciones de la IA son contenidos falsos o infundados expresados con apariencia de certeza. Su fluidez puede despertar una confianza que la evidencia aún no respalda. Cuando recurrimos a un abogado, periodista, médico, ingeniero o consultor, esperamos una respuesta competente. La inteligencia artificial puede integrar su método de trabajo. Quien firma, publica, diagnostica, recomienda o decide, conserva la responsabilidad por el resultado.

Aprender a usar estas herramientas exige conocimiento y método: localizar fuentes primarias, leer los documentos citados, comprobar cifras y nombres, contrastar conclusiones y conservar trazabilidad. En decisiones que afectan derechos, salud, recursos o reputaciones, la revisión de un segundo profesional debe formar parte del estándar de calidad.

Las casas formadoras tienen una responsabilidad decisiva. Preparar profesionales para este escenario exige incorporar alfabetización en IA, junto con la verificación y responsabilidad ética en el currículo y evaluaciones. Cada egresado debería poder explicar qué aportó la herramienta, cómo comprobó sus resultados y por qué su decisión merece confianza. Utilizar tecnologías más potentes exige demostrar un criterio igualmente sólido.

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Equipo Prensa
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