Edgardo Fuentes Cáceres – Director Ingeniería en Ciberseguridad UNAB
El proyecto de ley que busca restringir el uso de redes sociales a menores de 16 años en Chile instala un debate necesario sobre protección digital, pero también obliga a examinar un aspecto crítico desde la ciberseguridad, la gestión efectiva del acceso y la identidad digital en el entorno doméstico. En efecto, más allá de la eventual aprobación de la norma, su impacto real dependerá directamente de cómo los hogares implementen controles técnicos y prácticas de uso seguro.
Es fundamental entender que el acceso a plataformas digitales constituye un vector de riesgo cuando no existe segmentación ni control. En este sentido, la sola existencia de una restricción legal no elimina la exposición, sino que desplaza la responsabilidad hacia mecanismos de prevención más inmediatos. Por lo tanto, el control parental debe abordarse como una capa de seguridad básica; equivalente a un sistema de filtrado en redes, permite reducir riesgos mediante restricciones configurables, monitoreo y gestión del comportamiento digital. En consecuencia, el rol de los adultos no es accesorio.
Otro de los puntos más críticos, y frecuentemente subestimados, es la correcta gestión de identidades digitales. Desde una perspectiva técnica, el uso de cuentas de adultos por parte de menores constituye una vulnerabilidad significativa, ya que rompe los esquemas de control de acceso definidos por las plataformas. Esto implica una escalada de privilegios, el sistema deja de aplicar restricciones por edad, habilitando contenido, algoritmos y funciones diseñadas para usuarios adultos. Por ende, se invalidan todos los mecanismos de protección asociados a perfiles juveniles. Frente a esto, resulta imprescindible implementar cuentas diferenciadas, con configuraciones específicas según rango etario, aplicando el principio de mínimo privilegio como estándar básico de seguridad.
De manera complementaria, la gestión de dispositivos adquiere una relevancia central en este contexto. La entrega de un smartphone, tablet o computador sin configuración previa representa una ampliación innecesaria de la superficie de ataque. Un dispositivo sin restricciones permite descargas irrestrictas, acceso a contenido no filtrado y exposición a tácticas de manipulación como la ingeniería social. Por esta razón, antes de habilitar su uso, se requiere un proceso de endurecimiento que incluya la activación de controles parentales, la limitación de instalación de aplicaciones, la configuración de privacidad y la desactivación de funciones asociadas a la retención prolongada, como notificaciones persistentes o reproducción automática. Así, el dispositivo deja de ser un punto de vulnerabilidad y pasa a ser un entorno controlado.
Asimismo, es necesario considerar que la seguridad no se sostiene exclusivamente en controles técnicos, sino que debe incorporar un componente formativo. En ciberseguridad, el usuario es un factor crítico, y en el caso de niños y adolescentes, esto se acentúa por su menor capacidad de anticipar riesgos.
Por otra parte, el proyecto de ley pone énfasis en limitar el acceso a redes sociales, pero es igualmente relevante intervenir en cómo funcionan estas plataformas a nivel de interacción. Los sistemas basados en algoritmos de recomendación y diseño persuasivo operan sobre patrones de comportamiento que incentivan la permanencia. En ausencia de intervención, estos mecanismos se traducen en un uso intensivo y difícil de regular por parte de menores. En consecuencia, limitar o supervisar estas dinámicas desde el hogar, mediante configuración o monitoreo, constituye una medida coherente con cualquier estrategia de mitigación de riesgos.
En consecuencia, si bien el proyecto que busca restringir el uso de redes sociales hasta los 16 años establece un marco normativo relevante, la seguridad efectiva no se alcanza únicamente mediante la restricción formal. Por el contrario, se construye a partir de una gobernanza digital en el hogar que articule control de accesos, segregación de identidades, configuración segura de dispositivos y formación progresiva de los usuarios.





















