Omar Salinas Silva – Director de Ingeniería Civil Informática Advance UNAB

Mientras un delantero acelera hacia el arco rival, sensores, cámaras inteligentes y algoritmos procesan información en tiempo real sobre cada movimiento dentro del campo. Nunca antes un Mundial había estado acompañado por una infraestructura tecnológica tan sofisticada. Sin embargo, para millones de hinchas, el centro de la experiencia sigue siendo el mismo de siempre: la emoción de no saber qué ocurrirá en la siguiente jugada.

El Mundial 2026 representa un punto de inflexión para el fútbol. No porque la inteligencia artificial haya llegado al deporte, sino porque pasó de ser una herramienta de apoyo a convertirse en parte de la estructura que sostiene el torneo. Hoy interviene en la seguridad, la logística, la producción audiovisual y el análisis de datos que permiten gestionar el evento deportivo más importante del planeta con niveles de precisión inéditos. Por primera vez, el fútbol no solo se juega en la cancha. También se desarrolla en centros de datos. Desde una perspectiva tecnológica, los beneficios son evidentes. Los procesos son más eficientes, las decisiones más precisas y la capacidad de comprender lo que ocurre durante un partido alcanza niveles impensados hace pocos años. Sin embargo, el verdadero debate no es tecnológico.

La magia del fútbol siempre vivió en lo impredecible; la inteligencia artificial existe precisamente para reducir la incertidumbre. Esa es la gran paradoja de este Mundial. Durante décadas reclamamos por errores e injusticias deportivas, y la tecnología ha contribuido a disminuirlos. Pero mientras más precisión incorporamos al juego, más relevante se vuelve una pregunta que trasciende al deporte: ¿qué ocurre cuando intentamos optimizar una actividad cuya grandeza ha estado ligada a la sorpresa?

Porque nadie recuerda una Copa del Mundo por sus algoritmos. Lo que permanece en la memoria colectiva son los momentos que desafían toda lógica. El fútbol no se recuerda por su precisión, sino por su capacidad de sorprender

Por eso el Mundial 2026 va mucho más allá de la tecnología. Nos enfrenta al desafío de integrar la inteligencia artificial sin perder nuestra esencia humana.

La inteligencia artificial seguirá avanzando y los sistemas serán cada vez más sofisticados. Lo que todavía no sabemos es si, cuando todo sea medible y predecible, seguirá existiendo espacio para aquello que convirtió al fútbol en una pasión universal. Porque el verdadero desafío del futuro no será enseñarles fútbol a las máquinas. Será evitar que, en nuestra obsesión por medirlo todo, olvidemos que la magia del fútbol siempre comenzó donde terminaban los datos.

Google News Portal Educa
Síguenos en Google Noticias

Equipo Prensa
Portal Educa