La franquicia tributaria para capacitación laboral ha sido, durante décadas, uno de los principales instrumentos de formación de capital humano en Chile. Su propósito fue claro: incentivar a las empresas a invertir en capacitación mediante beneficios tributarios. Y, en términos de cobertura, el mecanismo cumplió un rol importante.

Sin embargo, los resultados en productividad, empleabilidad y salarios han sido más discutibles. Parte importante de la capacitación no siempre respondió a necesidades estratégicas de desarrollo productivo, sino más bien al aprovechamiento del incentivo tributario. Lo que se suma a que las grandes empresas han concentrado gran parte de los beneficios, mientras las PYME enfrentan mayores dificultades para acceder y utilizar el sistema.

La pregunta que surge ¿el problema está en la existencia del instrumento o en la forma en que ha sido implementado y evaluado?

El debate reciente, sobre una eventual eliminación de la franquicia, parece centrarse principalmente en el costo fiscal del beneficio y en su supuesto bajo impacto sobre la productividad agregada. No obstante, reducir el análisis únicamente a esas variables puede conducir a conclusiones incompletas. La productividad no depende exclusivamente de la capacitación laboral. También influyen factores como innovación tecnológica, inversión privada, infraestructura, digitalización, calidad de gestión, acceso a financiamiento y estabilidad regulatoria. En este contexto, atribuir la baja productividad únicamente a la capacitación laboral resulta metodológicamente discutible.

Además, existe un riesgo frecuente en este tipo de análisis: confundir correlación con causalidad. Muchos sectores históricamente menos productivos utilizan con mayor intensidad mecanismos de capacitación, pero ello no significa que la capacitación genere baja productividad. De hecho, podría interpretarse exactamente lo contrario: esos sectores requieren mayores esfuerzos formativos precisamente porque enfrentan brechas estructurales más profundas.

Otro aspecto poco considerado son las externalidades positivas que genera la capacitación laboral, como: reducción de rotación laboral, adaptación tecnológica, reconversión de trabajadores, profesionalización de procesos, retención de capital humano y mejoras graduales en competitividad. Por supuesto, esto no implica desconocer las debilidades históricas del sistema. Existen problemas reales asociados a la calidad de algunos cursos, pero eso, no necesariamente justifica eliminar completamente el instrumento, como se había propuesto, sino más bien, modernizarlo.

Chile necesita avanzar hacia un modelo de capacitación más focalizado, con mejor evaluación de resultados, mayor trazabilidad y formación alineada con las necesidades productivas futuras. El desafío no es simplemente decidir entre mantener o eliminar la franquicia tributaria, sino construir un sistema capaz de formar trabajadores para una economía en transformación. Hoy, cuando el congreso ha ratificado mantener esta franquicia, se abre la oportunidad

Porque, al final, el verdadero debate no debería limitarse al costo fiscal inmediato del beneficio tributario, sino también al costo económico y social que podría tener reducir la inversión en capital humano en un escenario de creciente competencia global y cambio tecnológico permanente.

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Equipo Prensa
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