Comenzó la cuenta regresiva. Hoy la expectativa se concentra en el inminente lanzamiento de Artemis II, la primera misión tripulada del programa Artemis de la NASA que, de resultar todo como está previsto, este 1 de abril, a las 19:24 horas de Chile, volverá a llevar seres humanos a las inmediaciones de la Luna, algo que no ocurría desde las misiones Apolo.
Para el astrónomo e investigador de la Universidad Andrés Bello, Ricardo Demarco, se trata de un hito científico, técnico y simbólico. La misión utilizará la cápsula Orión, resultado de décadas de desarrollo tras la cancelación de varios proyectos anteriores. “Orión recibe su nombre del único programa sobreviviente tras variadas ideas que no prosperaron y que intentaron desarrollar sistemas de transporte para volver a la Luna y para ir a Marte. La cápsula es el resultado de eso”, explica Demarco. A ese vehículo, los astronautas le han dado el nombre simbólico de “Integridad”, reflejando un principio que ha guiado tanto su preparación como el trabajo de los equipos técnicos.
El carácter colectivo de la misión también queda reflejado en su emblema. “Si uno se fija, el parche de la misión dice A de Artemis y el número II. Pero si uno lo ve en inglés eso se puede leer como ‘all’, que significa todos. Es una misión que busca unir a las personas, a la humanidad, en torno a este objetivo único que es volver a la Luna”, señala.
Demarco establece un vínculo con lo ocurrido tras el alunizaje del Apolo 11, cuando la percepción global trascendió las fronteras nacionales. “Cuando los astronautas llegaron a la Luna, las personas se hacían parte de ese logro, independiente de su nacionalidad, y decían ‘nosotros fuimos a la Luna’”, relata.
La tripulación estará compuesta por cuatro astronautas, tres estadounidenses y un canadiense, e incluirá a la primera mujer en viajar hacia la Luna, otro hito relevante para tener en cuenta.
El sistema de lanzamiento y la misión
El despegue está previsto desde el Centro Espacial Kennedy utilizando el cohete SLS (Space Launch System), un sistema que retoma elementos del antiguo programa de transbordadores. La arquitectura incluye motores reciclados de ese programa y propulsores laterales de combustible sólido, junto a un núcleo central de combustible líquido.
Una vez en órbita terrestre, que debiera ser alcanzada en menos de nueve minutos, la tripulación permanecerá cerca de un día realizando verificaciones completas de sistemas antes de iniciar el viaje hacia la Luna. El trayecto total contempla unos cuatro días de ida, un sobrevuelo por detrás del satélite y otros cuatro días de regreso, completando una misión de aproximadamente diez días.
La trayectoria elegida responde a criterios de seguridad. Se trata de una órbita de “libre retorno”, que permite que la nave regrese a la Tierra sin necesidad de maniobras críticas en caso de contingencias, una estrategia que recuerda lo ocurrido durante la misión Apolo 13.
Ventanas de lanzamiento y posibles retrasos
El lanzamiento no depende de un único instante, sino de ventanas de oportunidad definidas por las leyes de la mecánica celeste. La primera es ahora, el 1 de abril a las 19:24 horas de Chile y se extiende por dos horas. En caso de no concretarse, existen oportunidades adicionales en los días siguientes, y de fallar todas ellas, habría que esperar hasta fines de mes.
Demarco enfatiza que estas ventanas responden a cálculos extremadamente precisos y que, “están todas basadas en la mecánica celeste, en el movimiento simultáneo de la Tierra, de la Luna y considerando la trayectoria que va a seguir la nave y lo que se espera que se haga. Todo eso determina básicamente las condiciones de cuándo se tiene que lanzar desde la Tierra para poder realizar la misión”.
El riesgo de postergación es real, aunque la probabilidad de lanzamiento actualmente se mantiene en un 80%. Aunque tanto la cápsula como el cohete ya fueron probados en Artemis I en 2022, esta es la primera vez que transportarán personas. “Sí, es la primera vez que lleva a seres humanos a bordo y es por eso el hincapié de hacer todo con plena calma, verificando cada sistema con mucho detalle y poniendo mucha atención a que cualquier anomalía o cosa que no esté dentro de los rangos técnicos establecidos pueden hacer que la misión, el despegue, se deba posponer”, advierte.
Si el lanzamiento se concreta dentro de las ventanas previstas, el regreso de la tripulación a la Tierra debería ocurrir diez días después. De no ser así, el cronograma se ajustará, como ha sido habitual en la historia de la exploración espacial, donde la precisión técnica convive con la incertidumbre operativa.





















