Se suele creer que, al viajar en micro, metro o a pie, el precio de la gasolina no tiene impacto en las personas. Sin embargo, esto es un error, ya que en Chile casi todo lo que comemos o usamos se mueve sobre ruedas. “Cuando el combustible sube de golpe, el efecto dominó en la economía familiar es inevitable.

Este fenómeno ocurre porque el precio en nuestro país no se fija al azar, depende directamente de factores externos como el valor del petróleo crudo en mercados internacionales y el precio del dólar”, explica Carlos Montero, académico de la Carrera de Contador Auditor del Campus Online de Universidad de Las Américas. Y agrega que “como Chile importa casi la totalidad del combustible que utiliza, cualquier conflicto geopolítico o la subida de la moneda estadounidense encarece el costo de traer ese recurso, lo que finalmente se traslada a los precios que vemos en cada esquina”.

Es importante aclarar que casi el 90% de la carga en nuestro país se mueve por camiones. Si al transportista le cuesta más caro el litro de diésel, ese costo no lo absorbe él, sino que lo traslada al valor del producto que transporta. “Por ejemplo, en la elaboración del pan, sube el valor del flete que lleva la harina del molino a la panadería y también el que reparte el producto final a los almacenes. En las ferias libres, los camiones que traen la papa desde el sur o el tomate desde el norte ahora gastarán entre $25.000 y $30.000 más por cada viaje”, añade Montero.

El académico indica que un ejemplo simple de este impacto se observa en la malla de papas de 5kg: antes del alza podía costar $4.500, pero con el incremento del flete sube a $5.200. El resultado es un aumento de $700 por un solo producto básico debido exclusivamente al costo logístico. El golpe también llega a quienes utilizan colectivos, el chofer, al ser un trabajador independiente, ve cómo su gasto diario en bencina crece en cerca de $5.000, dinero que sale directo de su bolsillo. “Esto fuerza a las líneas a aumentar sus tarifas entre $100 o $200 para seguir operando. Incluso el delivery de farmacia o comida ajusta sus valores, donde un despacho de $1.500 puede subir a $2.200, sumando gastos significativos al mes”, explica.

A modo de resumen, el profesional detalla que el nuevo costo de vida mensual se desglosa de la siguiente forma:

  • Alzas en feria y supermercado: +$12.000
  • Ajuste en pasajes y colectivos: +$6.000
  • Servicios y delivery: +$4.000
  • Impacto total: +$22.000 mensuales

“Este escenario demuestra que el precio de los combustibles funciona como un ´impuesto invisible´ para el ciudadano. Al final del día, el aumento del costo de la energía se filtra en cada transacción, reduciendo el poder adquisitivo de las familias para otros ítems esenciales como salud o educación. Comprender que el alza responde a costos de importación y fluctuaciones del dólar permite dimensionar que, aunque no se tenga un vehículo en la puerta de la casa, todos terminamos pagando el precio de la energía en cada producto que llega a nuestras manos”, finaliza el académico.

 

Carlos Montero Académico Carrera de Contador Auditor Universidad de Las Américas.

 

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