Cristian Villegas, Director Instituto de Educación y Lenguaje, Universidad de Las Américas
El 19 de marzo se conmemoró el Día Internacional del Aprendizaje Digital que desde el 2023 proclama UNESCO para destacar el rol de transformación que han jugado las últimas tecnologías en el plano educativo, especialmente avanzando en acotar las brechas con los sectores más vulnerables. Esta fecha invita a reflexionar en torno a la rápida evolución de la educación en línea desde la pandemia, al democratizar su acceso, sobre todo en la enseñanza superior.
Desde el año 2023 y según datos de Research and Markets, hasta el año 2030, se proyecta un crecimiento anual del 8%. Actualmente, en Europa, el 60% de las instituciones de educación superior ofrece modalidades híbridas o virtuales, en Asia se ha presentado una rápida masificación de los cursos por plataformas educativas, mientras en África existen iniciativas para seguir acotando brechas mediante la educación en línea.
En América la oferta es alta; en Chile particularmente ha crecido un 70% desde el 2020, constituyendo casi el 17% de la matrícula total de educación superior según datos de la Comisión Nacional de Acreditación. Una parte importante de los estudiantes online de nuestro país son adultos de 35 años, representando más del 40% de la inscripción total en línea, lo que se explica debido a que esta modalidad permite compatibilizar trabajo y familia.
El crecimiento de este modelo formativo no ocurre solo por las ventajas que entrega a nivel de flexibilidad, sino porque además es coherente con los desafíos labores de desarrollo de destrezas cada vez más asociadas al ámbito tecnológico, donde el Foro Económico Mundial habla de que para el año 2030, el 85% de los empleos necesitará de habilidades avanzadas.
El aprendizaje digital fomenta la autonomía de los estudiantes, y hoy con IA, muchos programas han avanzado en la personalización de sus desafíos, facilitando el acceso a material educativo multimedia y permitiendo desarrollar pensamiento crítico computacional. Cabe destacar que para ciertas zonas más aisladas o sin oferta educativa, suele ser la única posibilidad de acceder a estudios.
Sin embargo, este modelo formativo no es para todos, ya sea por que todavía existe una brecha cercana al 20% de la población chilena que tiene conectividad limitada a la red, o que el 40% no se siente preparado en sus habilidades digitales o simplemente por la preferencia de entornos presenciales de aprendizaje.
El futuro de la educación, sobre todo superior y de posgrado, pasa por el conocimiento digital, siendo una posibilidad para quienes no tiene opciones geográficas de estudio o desean disponer de alternativas más flexibles. De todos modos, todavía existen desafíos respecto a cómo potenciar las infraestructuras de conectividad y regular los programas virtuales apuntando a estándares de calidad con el fin de asegurar el posicionamiento de esta forma de estudio que cada vez tiene mayor relevancia.



















