Cuando se analizan los indicadores asociados a la calidad de la educación en nuestro país, la cobertura curricular, el acceso al sistema de educación superior e instrumentos de medición internacional, dan cuenta de los avances que Chile ha logrado a partir de la implementación de políticas públicas. Al menos así lo señala el Informe Nacional de Autoevaluación 2023. Sin embargo, existen barreras que inciden tanto en el acceso como en la permanencia en el sistema de educación superior.

En el ámbito de la lectura existe consenso en que los niveles de comprensión lectora de los estudiantes son bajos. Esta situación se ve reflejada en los resultados de evaluaciones nacionales e internacionales, como el SIMCE y la prueba PISA, que evidencian una disminución en el desempeño en comprensión lectora al compararse con mediciones de años anteriores. Este desempeño parece mostrar una tendencia sostenida a la baja, lo que abre una pregunta relevante: ¿por qué ocurre esto? Si se entiende la comprensión lectora como un fenómeno complejo y multifactorial, cabe preguntarse hasta qué punto es posible representar sus mecanismos, tanto en el plano cognitivo como en el sociocultural, y de qué manera estos pueden ser abordados.

Desde la psicología de la lectura, la comprensión se concibe como un fenómeno mental que implica el procesamiento de información en distintos niveles jerárquicos. Este proceso exige el trabajo coordinado de sistemas cognitivos como la memoria operativa y atención, con el fin de construir el significado subyacente al texto escrito. Desde una perspectiva sociocultural, en cambio, la lectura y la comprensión se entienden como fenómenos situados en comunidades discursivas de las que los lectores forman parte.

En este marco, se requiere el desarrollo de competencias específicas para la interacción en los circuitos comunicativos, así como un rol activo y crítico por parte del lector, más allá de la mera decodificación. Dado este escenario, el rol del docente resulta fundamental para la formación de lectores estratégicos que, independiente de sus circunstancias, puedan desarrollar de manera eficiente los procesos psicológicos involucrados y, a la vez, integrarse a comunidades discursivas como lectores críticos, con un rol activo en el uso y la transformación de la información. Se trata de una tarea compleja, pero indispensable.

Como consecuencia de la crisis sanitaria por Covid-19, los docentes debieron adaptar sus prácticas pedagógicas, particularmente en lo referido a la enseñanza de la lectura y al desarrollo de habilidades de comprensión. En la actualidad, esta necesidad se mantiene, ya que el contexto educativo chileno, desde la perspectiva de las políticas públicas, releva el paradigma de la inclusión pedagógica, poniendo en el centro la individualidad de cada persona y garantizando una educación para todos, libre de discriminación. Esto implica eliminar barreras para el aprendizaje y, al mismo tiempo, generar condiciones que permitan a estudiantes con diversas características, físicas, cognitivas, sociales, culturales, éticas, religiosas o de género, acceder efectivamente a los aprendizajes. 

La diversificación de las estrategias de enseñanza es un imperativo. En un escenario cada vez más diverso, y donde la comprensión lectora responde a múltiples factores, son las tácticas formativas implementadas por los docentes las que pueden generar cambios significativos en el desarrollo de la lectura en una sociedad que se transforma y se diversifica día a día.

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Equipo Prensa
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