- Expertos alertan sobre el aumento de discursos de odio y procesos de radicalización que captan a menores en espacios digitales, detectando a tiempo las señales de alerta para evitar que la violencia llegue a las salas de clases.
Internet es mucho más que un espacio para jugar o hacer tareas. Ante el crecimiento de los discursos de odio en el entorno digital, diversos colegios están tomando medidas preventivas para evitar que estas influencias se traducen en agresiones dentro de las comunidades educativas.
En ese contexto, la red Cognita Chile implementó desde julio de 2024 una Política de Prevención del Extremismo y la Radicalización, orientada a detectar tempranamente a estudiantes expuestos a ideologías extremas en plataformas de uso cotidiano.
El extremismo violento entendido como la promoción o uso de la violencia con fines ideológicos, religiosos o políticos es un fenómeno creciente que sustenta este tipo de medidas. La estrategia se basa en directrices internacionales y nacionales, como la guía de la UNESCO (2016), el marco de protección infantil del Reino Unido (2024) y orientaciones del MINEDUC para el manejo de situaciones críticas.
El factor emocional: el blanco de los extremistas
¿Por qué un adolescente cae en estas redes? Para entender el trasfondo, desde el Equipo de Salvaguarda de la institución lo explican en un diagnóstico claro: «El sentido de pertenencia es una necesidad psicológica básica y los grupos a los que pertenecemos conforman quiénes somos y en quiénes nos convertimos». «La exclusión social, por el contrario, puede provocar reacciones poderosas, negativas y profundamente arraigadas», señala Valentina Cerda, psicóloga y coordinadora de Salvaguarda de Cognita.
Frente a esto, recalcan que la prevención va de la mano con la educación emocional: «Cuando los jóvenes tienen la oportunidad de comprender mejor sus emociones, pueden llegar a entender mejor por qué sienten lo que sienten y encontrar formas seguras de expresar sus sentimientos». Al lograr esto, «también empiezan a apreciar cómo sus emociones pueden ser manipuladas por otros», agrega Yanina Galaz, psicóloga y coordinadora de Convivencia Educativa de Cognita.
No se conocen indicadores definitivos de que un joven sea vulnerable a la radicalización, pero hay una serie de señales que, en conjunto, aumentan el riesgo. Los especialistas recomiendan a las familias estar atentas a cambios de comportamiento que sean constantes en el tiempo:
- Cambios bruscos en el discurso: Aparición de ideas rígidas y verbalización de puntos de vista intolerantes a la diferencia o antidemocráticos.
- Admiración por la violencia: Glorificar actos violentos, especialmente hacia otras culturas o religiones, y abogar derechamente por agredir a los demás.
- Aislamiento e introversión extrema: Negativa a interactuar socialmente, mostrando signos evidentes de retraimiento y un comportamiento reservado inusual.
- Uso de símbolos o códigos: Utilización de lenguaje simbólico ideológico, o la presencia de grafitis, dibujos o escritos que evidencien temáticas extremistas.
- Consumo digital intensivo: Visualización regular de sitios de internet que aprueban opiniones radicales, sumado a la referencia constante a teorías apocalípticas y conspirativas.
- Nuevas influencias radicales: Influencia marcada de pares o adultos con discursos extremos, lo que suele derivar en conflictos con la familia por el nuevo estilo de vida.
El «cerrojo» digital y cómo actuar
Para enfrentar estas amenazas, la red fue más allá del cumplimiento normativo con el programa pionero “Be an Upstander” (Ser un defensor), implementado inicialmente en The Greenland School. La iniciativa busca que los estudiantes dejen de ser espectadores pasivos y actúen de forma segura para apoyar a sus pares, promoviendo un cambio en la forma de abordar los conflictos escolares.
Este enfoque se complementa con medidas institucionales: sistemas de filtrado que bloquean contenidos de odio y protocolos de alerta temprana. Ante conductas inusuales, se activa un reporte al encargado de convivencia escolar para intervenir con los apoderados. Si la situación es grave o podría constituir delito, se deriva a Carabineros, la PDI o la Fiscalía.





















