A causa del fuerte incremento en el precio de los combustibles, la Unidad de Fomento (UF) cruzará la barrera psicológica de los $40.000. Esto puede ser un síntoma de una transformación en el comportamiento económico de los hogares y, sumado a las expectativas de una inflación mayor a la esperada posiblemente por algunos meses, está forzando una reconfiguración de los hábitos de consumo de las familias en Chile, que tendrá posiblemente consecuencias en la trayectoria del crecimiento del país.
Para entender el impacto, se debe analizar la participación de la UF en la vida cotidiana. En Chile, la UF actúa como un mecanismo de transmisión de inflación directo hacia el costo de vida. Es así como dividendos, planes de salud, seguros y colegiaturas -además de algunos arriendos- se encuentran expresados en esta unidad. Cuando el costo de la vida sube, el ingreso disponible de las familias que es destinado a consumo disminuye.
Esta situación lleva a que los consumidores ya no solo buscan precios, sino que están sacrificando lealtad de marca por ajustes en su presupuesto. El auge de las marcas propias en el retail y la postergación de la compra de bienes duraderos son la primera línea de defensa de una clase media que ve cómo su poder adquisitivo se erosiona mes a mes.
Esta reducción en el consumo privado es especialmente preocupante para la evolución de la actividad económica. Históricamente, el consumo ha sido el motor de la economía chilena. Sin embargo, con tasas de interés que se mantienen elevadas para frenar la inflación y un costo de la vida al alza, la capacidad de gasto es mínima.
Puede ser que nos encontremos en un círculo vicioso, ya que un menor consumo reduce las expectativas de ventas de las empresas, lo que frena la inversión productiva y, finalmente, estanca la creación de empleo. Es el impuesto inflación actuando en su máxima expresión, afectando con mayor fuerza a los sectores que destinan la totalidad de su ingreso al consumo básico.
El desafío para la política económica no es solo controlar la inflación, sino gestionar las expectativas. El ajuste del presupuesto familiar es hoy una necesidad obligatoria, pero si este ajuste se profundiza sin señales de reactivación clara, el riesgo de un estancamiento prolongado es real. Chile necesita transitar desde una economía impulsada por el consumo de corto plazo hacia una basada en la inversión de largo plazo, pero esa transición es dolorosa cuando el costo de la vida no da tregua.
La UF a $40.000 es, en definitiva, el recordatorio de que la estabilidad de precios es la base mínima de la estabilidad económica. Sin ella, el crecimiento no es más que una cifra en un balance que la realidad de la calle se encarga de desmentir.
Gonzalo Escobar – Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB





















