Cada vez que hablamos de emprendimiento, solemos poner el foco en herramientas, metodologías o modelos de negocio. Sin embargo, una pregunta sigue siendo poco explorada: ¿de dónde surgen realmente las competencias emprendedoras? La literatura tradicional las define como el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para identificar oportunidades, generar iniciativas y crear valor. 

Pero desde las Ciencias Sociales emerge una mirada distinta: estas competencias no solo se aprenden en una sala de clases, sino que también se construyen a lo largo de las trayectorias de vida. Las experiencias educativas, las primeras inserciones laborales, las redes de apoyo, el contexto familiar e incluso la precariedad pueden moldear la forma en que un joven desarrolla iniciativa, resiliencia, creatividad o capacidad para emprender. 

En muchos casos, emprender deja de ser únicamente una oportunidad y se convierte en una estrategia para enfrentar la incertidumbre. Esta reflexión es especialmente pertinente para Chile. Si queremos fortalecer el emprendimiento juvenil, no basta con enseñar herramientas como Canvas o Design Thinking. También debemos comprender las desigualdades, los capitales sociales y culturales, y las trayectorias que condicionan dichas competencias. 

Quizás el desafío no sea únicamente formar emprendedores, sino comprender cómo las trayectorias juveniles construyen —o limitan— las competencias necesarias para emprender. Ese es precisamente el desafío que he asumido cuando decidí iniciar mi doctorado .. entender el emprendimiento juvenil no solo como un fenómeno económico, sino también como un fenómeno profundamente social. ¿Qué opinas? ¿Las competencias emprendedoras se enseñan, se aprenden con la experiencia o se construyen a lo largo de la vida?

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