El reemplazo de los multifondos por Fondos Generacionales constituye una de las transformaciones más importantes del sistema previsional chileno de las últimas décadas. Esto busca disminuir gradualmente la exposición al riesgo conforme los afiliados se acercan a la jubilación, trasladando parte del ahorro desde inversiones orientadas al crecimiento hacia instrumentos más conservadores. La lógica es clara. Quienes tienen un horizonte de inversión más extenso cuentan con mayor capacidad para recuperarse de caídas importantes en los mercados financieros que quienes están próximos a pensionarse.
Sin embargo, existe un supuesto que merece mayor atención. El desafío no es únicamente definir cuánto riesgo debe asumir una persona según su edad, sino también identificar qué instrumentos son realmente los más adecuados para proteger su ahorro cuando se acerca la jubilación. Esa decisión parece evidente cuando los mercados se comportan de acuerdo con los patrones históricos, pero resulta mucho menos clara cuando cambia la naturaleza de la crisis. La edad de los afiliados sigue un calendario. El riesgo financiero no.
Durante el episodio inflacionario posterior a la pandemia, los principales bancos centrales elevaron rápidamente las tasas de interés para contener el aumento de los precios. Como consecuencia, los bonos emitidos con tasas más bajas perdieron valor, por lo que una parte importante de la renta fija cayó al mismo tiempo que la renta variable. Una combinación que, bajo condiciones normales, ofrecía diversificación terminó proporcionando una protección bastante menor a la esperada. Bajo un esquema de Fondos Generacionales, una cartera diseñada para resguardar el ahorro de quienes estaban próximos a pensionarse también habría registrado pérdidas relevantes. Ello no solo habría reducido el valor del ahorro acumulado, sino también la pensión que ese capital podría financiar al momento de contratar una renta vitalicia o iniciar un retiro programado. El problema no era la composición del portafolio, sino que el tipo de crisis modificó el comportamiento esperado de esos instrumentos.
El éxito de los fondos Generacionales dependerá no solo de asignar adecuadamente la exposición al riesgo según la edad, sino también de reconocer que los instrumentos considerados más apropiados para proteger el ahorro pueden cambiar cuando cambian las condiciones económicas y financieras. Una estrategia diseñada para acompañar 40 años de ahorro previsional inevitablemente enfrentará escenarios muy distintos. Por ello, las carteras de referencia deberían revisarse periódicamente para asegurar que continúen cumpliendo el objetivo para el cual fueron diseñadas. Reducir el riesgo conforme avanza el ciclo de vida constituye un principio sólido. El verdadero desafío será asegurar que esa estrategia evolucione al mismo ritmo que los mercados.





















