En medio de las discusiones sobre la implementación de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP), olvidamos mirar aquello que ya está ocurriendo. Y el terreno muestra que hay razones para tener esperanza.

En Enseña Chile hemos tenido la oportunidad de trabajar junto a los equipos de SLEP de distintas regiones del país. En ese recorrido hemos visto algo que pocas veces ocupa los titulares: personas profundamente comprometidas con transformar la educación pública y trabajando, todos los días, para impactar en las trayectorias de vida para niñas, niños y jóvenes.

Hemos visto educadoras de jardines infantiles visitando otros establecimientos para aprender unas de otras; mentorías entre pares, donde directores comparten experiencias y soluciones para enfrentar desafíos comunes. Hemos escuchado a líderes educativos agradecer que las conversaciones con su sostenedor han vuelto a poner el foco en lo pedagógico. También a líderes trabajando con universidades, fundaciones, empresas y municipios para acercar nuevas oportunidades a sus estudiantes.

Nada de esto significa que los desafíos hayan desaparecido. Los hay y son enormes. Un SLEP puede llegar a administrar hasta 191 establecimientos educacionales y coordinar cerca de 3.000 funcionarios. Además, debe ejercer simultáneamente el rol de servicio público y sostenedor educacional, conciliando las exigencias administrativas propias del Estado con la necesidad de acompañar pedagógicamente a las comunidades educativas. Es una tarea compleja que requiere capacidades, herramientas y condiciones adecuadas para que los equipos puedan dedicar más tiempo al desarrollo de las escuelas y menos a la gestión administrativa.

Por eso resulta tan relevante que el MINEDUC haya puesto sobre la mesa la necesidad de avanzar en la simplificación administrativa. Pero ese esfuerzo no puede limitarse a reducir trámites. Es una oportunidad para revisar procesos, fortalecer el modelo de gestión de los SLEP y construir soluciones junto a quienes conocen la realidad de los territorios. 

La esperanza no nace de pensar que todo está resuelto. Nace de ver que, incluso en medio de las dificultades, ya existen cientos de personas construyendo una mejor educación pública. Nuestra responsabilidad ahora es aprender de ellas y convocar al Estado, las universidades, las organizaciones de la sociedad civil, las empresas y las comunidades educativas para que esas experiencias no sean la excepción, sino la regla.

Paula Covarrubias

Directora de Comunidades que Aprenden, Enseña Chile

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