El bolsillo de los chilenos sigue bajo una fuerte presión. La última Canasta Básica de Alimentos (CBA), la medición de un conjunto de productos consumidos en hogares, subió 4,1% en su medición anual a marzo, alcanzando un valor de $90.261 por persona. Esto, además del encarecimiento de los combustibles y el impacto de la UF, los chilenos han buscado formas de complementar sus ingresos para paliar estos costos. Así lo demuestra el estudio Workmonitor de Randstad Chile, el cual revela que un 41% de los trabajadores ha conseguido un segundo empleo para hacer frente al aumento del costo de vida.

Esta cifra sitúa a Chile levemente por sobre la media global, correspondiente a un 40%, y casi doblando la medición del año anterior (22%).  “Nos enfrentamos a una fuerza laboral que está adaptándose bajo una enorme presión. El salario sigue siendo el principal imán para atraer talento, pero hoy la flexibilidad y la autonomía ya no son solo beneficios corporativos de bienestar, sino herramientas críticas para que los profesionales puedan diversificar sus fuentes de ingresos en tiempos volátiles», señala Bárbara Cisterna, Directora de Grandes Cuentas de Randstad Chile.

La presión económica cambia la forma de trabajar

El estudio muestra que este fenómeno va más allá del segundo empleo. Otro 41% afirma haber optado por sumar horas a su jornada laboral actual durante el último año para percibir mayores ingresos, frente al 20% que declaraba lo mismo en 2024.

Las diferencias generacionales también son relevantes. Quienes más recurren a un segundo empleo son los trabajadores de la Generación X (43%) y la Generación Z (43%), seguidos por los Millenials (41%), mientras que los Baby Boomers alcanzan un 32%. Además, un 26% de quienes tienen jornada completa preferiría un trabajo secundario, porcentaje que también se observa entre quienes trabajan a tiempo parcial.

Un talento más cauteloso ante la incertidumbre

Además de las distintas presiones financieras, más de la mitad del talento en Chile (56%) se muestra preocupado por el impacto de la incertidumbre económica en su seguridad laboral, superando el promedio global del 46%. Este escenario está modificando el comportamiento de los trabajadores frente a la movilidad laboral.

En comparación con el año anterior, los trabajadores muestran una menor disposición a cambiar de empleo para negociar mejores condiciones. Mientras el 74% comenzó a buscar un nuevo trabajo por insatisfacción durante el año anterior, hoy la cifra ha bajado a un 69%.

Del mismo modo, quienes solicitaron un aumento de sueldo por no sentirse satisfechos disminuyeron de 61% a 58%, reflejando un mercado donde la incertidumbre lleva a privilegiar la estabilidad antes que asumir nuevos riesgos.

“La desaceleración económica y un mercado laboral menos dinámico hacen que muchas personas sean más cautas al momento de cambiar de trabajo. Esto obliga a las empresas a fortalecer su propuesta de valor, no solo desde la compensación, sino también desde la experiencia que ofrecen a sus colaboradores”, agrega Cisterna.

Permanencia e independencia: Las nuevas reglas del juego

El estudio de Randstad deja en evidencia que las empresas que intenten restringir excesivamente el control de los trabajadores sobre sus horarios o que apliquen políticas de retorno estricto a la presencialidad podrían enfrentar serios problemas de retención. De hecho:

Un 42% de los trabajadores en Chile declaró haber renunciado a un empleo porque este no se ajustaba a su vida personal.

Un 25% dejó su puesto debido a la falta de independencia para trabajar bajo sus propios términos.

En un entorno donde el 41% del talento necesita compatibilizar más de una actividad económica para sostener su presupuesto familiar, el estudio concluye que las organizaciones que ofrezcan flexibilidad horaria y geográfica contarán con una ventaja competitiva insustituible para fidelizar a los profesionales más capacitados del mercado.

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Equipo Prensa
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