Por Carolina Blanco, Directora de Innovación, Desarrollo y Transferencia, Universidad de Atacama y Dr. Karl Riveros, Dpto. de Geología UDA»
A fines de enero de 2026 se concretó un hito relevante para la minería chilena con la entrega oficial de la Estrategia Nacional de Minerales Críticos (ENMC). Más que un acto administrativo o político, este proceso da cuenta de la definición de una hoja de ruta productiva para las próximas décadas, en un contexto donde Chile busca consolidar su rol como país minero en el escenario global.
En este marco, la participación del rector de la Universidad de Atacama, Forlin Aguilera, como representante de la academia y las regiones en el Comité de Alto Nivel, refuerza una convicción central: esta no puede ser una estrategia concebida únicamente desde una lógica centralista, sino que debe construirse a partir de las realidades territoriales, incorporando la voz de las regiones y sus comunidades.
Con el documento ya sobre la mesa, el foco se desplaza hacia la implementación. La Universidad de Atacama se distingue por gestionar una innovación con pertinencia territorial, entendiendo que las soluciones tecnológicas deben responder a nuestra cuenca y nuestra gente. Por ello, hemos articulado un comité multidisciplinario de expertos, en geología,metalurgia, minas, industria y derecho, para asegurar que la estrategia nacional converse con la vocación de nuestra región.
Desde este núcleo de pensamiento regional, advertimos que el desafío social más relevante está en la Pequeña y Mediana Minería.
Contrario a la creencia común, los minerales críticos no son exclusivos de la gran industria. La región de Atacama posee una particularidad única: concentra la mayor actividad de mediana y pequeña minería del país y, simultáneamente, hospeda las mayores reservas nacionales de Cobalto y probablemente la segunda mayor anomalía de Tierras Raras. Estos minerales estratégicos conviven en los mismos yacimientos que nuestros mineros ya trabajan. Sin embargo, hoy son invisibles para ellos.
La gran barrera no es solo geológica, es de mercado. Mientras las grandes compañías pueden exportar directamente estos productos, el pequeño minero depende de poderes de compra locales. Debido a que hoy no se paga por el Cobalto o las Tierras Raras, estos recursos de alto valor terminan descartados en relaves o vendidos como simple cobre.
Aquí radica la misión de la innovación pública. El objetivo es transformar al productor tradicional en uno polimetálico. Esto requiere, como nos indican nuestros especialistas, tecnologías de caracterización geológica y metalúrgica compleja, pero sobre todo, requiere modernizar el poder comprador estatal para crear un mercado justo. Si logramos que la implementación de esta estrategia baje a la realidad de las pequeñas faenas en los distintos territorios de nuestra región, estaremos logrando la verdadera soberanía estratégica. No solo exportaremos minerales; exportaremos un modelo de desarrollo inclusivo, diseñado y pensado desde la región.





















